martes, septiembre 27, 2022
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Crónicas de Terranova. Sabino Laucirica Villalabeitia

Mi buen amigo y compañero de investigaciones náuticas Sabino Laucirica Villalabeitia es un marino vasco ilustrado, digno descendiente de una larga tradición naval, la vasca, a la que tan ligada está la navegación gallega. Es de Plencia, el puerto bilbaíno que tantos barcos de cabotaje envió a todos los mares, y balleneros a Terranova desde los primeros tiempos. A esos mares entre campos de hielo descubiertos por los navegantes de Bristol acudieron expediciones gallegas desde 1511, pero esa será otra historia.

Sabino Laucirica, capitán de la Marina Mercante, investigador histórico, conferenciante y escritor, estudió la conexión vasca con Terranova, los restos de esta presencia en la toponimia y costumbres siendo reconocida su labor por el gobierno canadiense. La ciudad de Placentia (Terranova) deriva de la vasca Plencia, un asentamiento ballenero vasco.

En el año 2004 empezó el escritor un camino en solitario, quería que los descendientes de irlandeses de esta localidad conocieran «que el origen de su tierra se debía a los balleneros vascos que llegaban allí cada año y que algunos venían de Plencia, el pueblo donde yo nací». En el año 2015 le entregaron el Heritage Award o diploma al patrimonio por su labor.

Sobre LA CONEXION VASCA CON TERRANOVA, escribe el marino: «No existe una palabra que encierre tanta épica para un marino vasco que Terranova. En los primeros años del 1500 y una vez que el navegante naturalizado inglés John Cabot descubrió las ricas y fértiles aguas de Terranova, los pescadores vascos se lanzaron con enorme valor hacia aquellas terribles aguas».

Una treintena de barcos y aproximadamente 2.500 tripulantes partían cada año desde las costas vascas a la pesca del bacalao y la caza de la ballena. Fueron dos siglos de pesca intensiva hasta el Tratado de Utrecht de 1713 en que Terranova cae del lado inglés y los franceses establecidos en su capital Placentia son obligados a abandonar la isla hacia la provincia canadiense de Quebec. «También sus aliados los vascos son obligados a abandonar aquellas aguas. Se habían pescado miles de toneladas de bacalao y más de 20.000 ballenas» recuerda el autor, que se dedicó a buscar el recuerdo de aquellas expediciones.

Cuando en el año 2005 empezó a estudiar esta conexión, todo fueron enormes dificultades. «En el año 2006 y ante mi insistencia recibí una carta del Alcalde de Placentia (la capital francesa de Terranova antes del Tratado de Utrecht)» que le decía:»Yo creo que Vd. tiene razón: los vascos fueron los primeros en llegar aquí, seguidos por franceses e ingleses/irlandeses, que vinieron a comienzos del siglo XVIII sobre doscientos años después. No obstante no puedo probarlo. La prueba debería estar en sus registros históricos».

Fueron varios años de trabajos e investigaciones hasta dar con importantes documentos como una carta del Rey Felipe V al Marqués de Monteleón, del Consejo de Indias «para que consiga del Gobernador del puerto de Placentia (Terranova) declaraciones claras y positivas sobre la justa pretensión de vizcainos y guipuzcoanos, de mantenerse en aquellas tierras a las que fueron los primeros en llegar».

Se halla en el Archivo Histórico de Bizkaia. «Las huellas estaban descubiertas a ellos siguieron hermanamientos y actos institucionales. Hoy la bandera vasca se abraza a la de Placentia y Canadá como recuerdo de aquella época» indica el escritor. En el año 2015 fue nombrada la «Estación ballenera vasca de Red Bay» Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, pero no hubo ningún representante vasco en tan solemne acto. Lamenta la falta de interés de las instituciones vascas por esta historia. Por eso escribió su libro «Las Columnas del Imperio» (Cuando los vascos conquistaron el mundo para la Corona Española).  

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