viernes, febrero 23, 2024
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Los salvajes náufragos: loros, cuervos, perros y gatos marineros

Perros para guardar la mercancía y gatos contra ratones eran usuales en los barcos en las viejas navegaciones. Los marineros que iban al Caribe o a Brasil solían traer pájaros exóticos a sus casas o los vendían como un contrabando más. Algunos animales formaban parte del rol en largas temporadas.

En nuestros días se hicieron célebres en la costera del bonito los perros del Lago 2 de Camariñas o el Cruceiro de Paz de Sada. Un periquito de un bonitero burelés es conocido en todo el Cantábrico. En el Lago 2 también subía a bordo con su recordado primer patrón Edelmiro Campaña su loro. En muchos naufragios sucedidos en Galicia aparecen animales.

El loro y el gato del Óscar

Entre los 17 supervivientes del Oscar en Corme, en 1899, había un loro y un gato, rescatados por un marinero que salvó su vida sin olvidar a sus queridos colegas. Los estimaban como una parte más del rol, y pese a los dibujos animados de Piolín y el gato rabudo Silvestre, como vemos se llevaban de maravilla. Supongo que se quedarían en Corme para despedir el siglo y dejarían descendencia.

Los Lastres fueron conocidos mercaderes, corsarios también, de orígen cántabro; desplegados desde el siglo XVIII en Muxía, Camariñas, Corcubión, Cereixo y Ponte do Porto. A mediados del siglo pasado el abuelo del célebre puntilleiro Julio Lastres comerciaba desde Cereixo y Ponte do Porto con Alicante y traía turrón, desconocido en la comarca.

El loro que decía palabrotas

Ya en 1758 un barco local comerciaba con almendras de Alacant. Así que su casa de Cereixo fue el primer hogar de la zona en celebrar la Navidad con turrón alicantino. Otro pariente le regaló un loro cansado de navegar y de escuchar palabrotas a los marineros a mediados del siglo pasado a las hermanas Lastres, que vivían en la casa contigua a la mía. Se hizo muy célebre en Ponte do Porto y se cuentan muchas anécdotas «do loro das Lastras». Pueden ver estas singladuras de nuestros lobos de mar en las páginas que les dedicamos al cabotaje.

Del Loro Parque, en donde trabajó adiestrando pájaros, se trajo unos loros mi vecino, marino mercante. Precisamente el padre de Christoph, el fundador de este famoso parque tinerfeño, le pidió dinero a su progenitor para montar algo en Canarias con animales, dedicado a los turistas. Quería comprarse un león, pero el abuelo de Christoph le explicó que los leones comían mucho y le regaló dos loros. Así empezó todo, que diría Piqué. Posee el mayor parque de atracciones del mundo, el Siam Park.

El cuervo marinero

Un animal menos peliculero pero frecuente en los veleros fue el cuervo. En los tiempos del siniestro del Mar Egeo, el barco de la casa de desguaces Santa Cruz llevaba un cuervo herido, caído de un árbol en Cuatro Caminos. Lo subían al barco, en su jaula siempre abierta. Salía y volvía cuando quería. Si lo encerraban, él mismo abría la cerradura; y si colocaban trabas podía levantar los barrotes con una fuerza descomunal. De hecho lo tenían por la reencarnación de algún bravo lobo de mar, pues amaba las travesías.

En tierra comía el pienso en compañía de los perros en la casa del dueño. Cuando desembarcaba la tripulación no perdía su paseo por el muelle coruñés, pero siempre volvía al barco. Pese a que se recuperó, podía volar y Carlos Santa Cruz lo soltó en el bosque, el cuervo regresó, volando encima de su coche todo el camino hasta A Coruña. En fin, que hizo otras tres temporadas como un marinero más «andando ao ferro».

Los animales aparecen en el recuento de naufragios. Sin contar los «bois» del Chamois o la serpiente marina de Sabadelle (Camelle) que fue condenada por «a señora» a andar arrastras. Lamentamos el pobre destino de la urca de los caballos de la armada de Padilla en 1596.

El Compostelano en los años 30 soltó amarras por un temporal en el puerto de Laxe, se paseó por toda la ría, y llegó al interior en una maniobra perfecta, sorteando unos impresionantes bancos de arena, para varar en un lugar abrigado. Pero dentro no había tripulación, solo un gato. Es el barco del gato capitán. Naufragaría de nuevo en 1946.

En los trabajos de desguace del Serpent destacó un pulpo, que ayudaba a los expertos buzos de Camelle, como localizador de brillantes monedas de oro de alguna guerrera de oficial inglés. Me acuerdo de una que pendía de un medallón de mi abuela hasta que un día decidió fundirla para hacer un anillo. Por arte de magia convirtió a la reina Victoria en virgen María.

Y animal raquero era el perro palleiro del mercader Alfredo Noia, can diestro en su trabajo de descubrir fardos de telas francesas del mercante Nil en las calas. Famoso fue el perro del capitán Murray del Trinacria, en 1893, que rescató del mar el cuerpo sin vida de su amo y no quiso abandonar su tumba en el cementerio de los ingleses.

Antes había salvado al carpintero del barco y lo intentó con otro marinero al que tuvo que dejar en el agua por encontrarse exhausto. Un héroe digno de memoria. Dos perros fueron salvados entre los náufragos del vapor Anita en 1908. Animales de compañía no eran precisamente las fieras salvajes que iba a comprar en Calcuta Mr Jamrach, hijo del mayor tratante de fieras de la época, Albert Edward Jamrach de Londres. Jamrach fue una de las víctimas del City of Agra, caído en 1897. Un enorme y feroz perro llamado León, rescatado del sudanés Erkowit en 1970 por Carlos Santa Cruz, sirvió de guardián contra raqueros de las cargas del Good Lyon, Mitera Sotiria y otros hasta que murió de viejo.

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