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El torpedero Habana y su odisea por la Costa da Morte para la eternidad

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Noticia redactada por Vicente Bernal

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Los torpederos eran buques de pequeño tamaño y gran velocidad, cuya arma principal era lógicamente el torpedo. Presentaban estos buques poco blanco al enemigo, y su táctica se basaba en acercarse al enemigo para conseguir la máxima precisión en su lanzamiento retirándose después rápidamente en cuanto aquél se había efectuado,  lejos del alcance de la artillería del buque atacado o de los de su escolta. Los torpederos podían ser costeros o de alta mar. Los primeros eran buques tan pequeños que no se les considera capaces de resistir todo tipo de mares; los segundos en cambio, acompañaban a las escuadras, y también se les llama torpederos de escuadra. Las primeras embarcaciones torpederas fueron botes de vapor provistos de torpedos.

Los primeros torpederos aparecieron en 1875; eran todo lo veloces que permitían sus máquinas, restringiéndose su tonelaje en aras a la velocidad. Los torpedos se transportaban junto a los costados y, una vez en combate, se sacaban al exterior como los pescantes de los botes salvavidas. Para ello era preciso aproar hacia el objetivo y evitar que el humo de las chimeneas obstaculizaran el tiro, por lo que estas se instalaban los más alejadas posible. Su casco era de madera inicialmente pero, con la aparición del acero ligero, pronto emplearon este material. Su endeblez sólo les permitía operar en condiciones meteorológicas favorables y cerca de la costa. A medida que se desarrollaron nuevas máquinas, el torpedero aumentó su tamaño dando lugar a los torpederos oceánicos, llamados también de primera clase. Entre los más destacados diseños de torpederos de finales del siglo XIX figura el español Ariete. 


Torpedero Ariete Fotografía: Museo Naval

 

Inicialmente los torpederos llevaban calderas alimentadas por carbón. Para su tripulación, siempre se buscaban fogoneros de primera, pues era difícil alimentarles a plena marcha y con los embates del mar. 


El torpedero Habana construido en los astilleros Thornycroft (Londres) en junio de 1886, debe su nombre al Casino Español de La Habana en Cuba, debido al hecho que mediante suscripción abierta recaudó los fondos necesarios para su construcción. El Habana, con 60 t de desplazamiento, una eslora de 39 m y 3,80 de manga, y una propulsión mecánica compuesta por una caldera tipo locomotora, que impulsaba mediante eje transmisor una hélice de cuatro palas que permitían al torpedero alcanzar una velocidad máxima de 20 nudos.La tripulación la componían 19  hombres.


Su armamento constaba de dos tubos lanzatorpedos para el lanzamiento de torpedos Whithead y una ametralladora Nordenfelt de 25 mm. 
    
Por estas fechas  pasados ya 133 años, exactamente el día 5 de abril de 1888, la escuadra formada por los torpederos Habana, Azor, Halcón, Rayo, Ariete y el cazatorpederos Destructor, abandona el Arsenal de Ferrol, rumbo  Arsenal de La Carraca en San Fernando (Cádiz) previa escala prevista en el puerto de Vigo esa misma tarde. 
Unas buenas condiciones de mar y viento, no daban cabida a un repentino empeoramiento que afectó a las malas condiciones marineras del  Torpedero Habana ; desde ese momento comienza a recibir la mar por la aleta de estribor nada reseñable exceptuando la incomodidad a bordo, de las grandes guiñadas que supone recibir el oleaje por esta zona del buque.

El objetivo arribar al puerto de Vigo a las cinco de la tarde, para escala de descanso de las dotaciones que conformaban la escuadra.
La rutina y previsiones del Torpedero Habana y parte de la escuadra, dieron al  traste al encontrarse por el través a unas  tres millas de costa, teniendo a la vista el Cabo de la nave  y Finisterre. Una avería en su caldera con la consiguiente explosión de ésta, dio paso a gritos de socorro desgarradores provenientes de la sala de máquinas del buque, a la vez que por las escotillas y cámara de la caldera salía una gigantesca columna de humo, cuatro hombres con sus cuerpos carbonizados  subían a cubierta gritando de dolor hasta su total extenuación y muerte.


Torpedero Habana fondeado.Foto: Museo Naval

La dotación del torpedero Habana en el momento del suceso estaba formada por el teniente de navío Juan José Ozamiz y Ostoloza, comandante; el alférez de navío Manuel del Campo y Monfort, 2.º comandante; el segundo maquinista José Manso Brañal; el cuarto maquinista Bernardo García Montero; el obrero torpedista José Barreiro Seijas; el artillero de mar de segunda clase Manuel Fernández Prieto; el cabo de mar de primera clase José Benito Rey Otero; el cabo de mar de segunda Andrés Ardao Fernández; los marineros de segunda clase Cesáreo Oceguia Aguirre, Vicente Munitis Izpizua, Florentino Barandice Basade y Juan Laha Longa; los marineros fogoneros de primera Ángel Fernández Rivas y José Caridad Picado, y los marineros fogoneros de segunda Pedro Martínez Vidal y Antonio Aneiros Fernández. 

El cazatorpederos Destructor y el torpedero Arite al mando de Fernando Villamil y el teniente de navío Joaquín Escoriaza y Aurrecoechea respectivamente, pusieron rumbo inmediatamente hacia el Habana , con el fin de prestar auxilio.


Cazatorpederos Destructor.Foto:Internet.

Muchos esfuerzos e intentos hicieron falta para poner a salvo el Torpedero Habana, tras el desastre físico, moral y material vivido a bordo. La tenacidad e insistencia de sus dotaciones y comandantes consiguió  rescatar el buque que esa misma tarde noche fondeó frente a Corcubión donde los cuatro fallecidos; los maquinistas de la Armada José Manso y Bernardo Montero y los fogoneros Antonio Aneiros y Pedro Martínez Vidal; recibieron sepultura en el antiguo cementerio de la Villa.


Fernando Villaamil.Foto:Internet


A iniciativa propia con la coordinación de Fernando Villaamil, entre las dotaciones del Habana, Ariete, Ferrolano y Destructor cubrieron una suscripción para erigir un mausoleo que perpetuase  el recuerdo de esta desgracia y sus compañeros. El 22 de noviembre de 1888 el vapor remolcador  Ferrolano fue el encargado de llevar el mausoleo consistente en una columna truncada; simbolizando que sus vidas habían sido arrebatadas en el momento de mayor plenitud, y en ella se inscribió el siguiente epitafio que aún perdura:


Monumento columna truncada en el muelle de Corcubión. Fotografía: Vicente J. Bernal Tortosa

«A la memoria de los maquinistas de la Armada D. José Manso,
 D. Bernardo Montero y los fogoneros Antonio Aneiros y Pedro Martínez Vidal,
que víctimas del cumplimiento de su deber fallecieron en el torpedero Habana el 5 de abril de 1888. Las dotaciones del Habana, Destructor, Ariete y Ferrolano»


Desde aquel fatídico día los nombres de estos marinos y su memoria han permanecido ajenos al paso del tiempo, vinculando estos hechos poco conocidos  y su columna como bandera del compañerismo a bordo de los buques de la Armada. La sencillez del monumento lo hace pasar inadvertido en el muelle de la histórica Villa, aunque este sigue dando luz y eternidad a los hechos y sus protagonistas.


VICENTE JESÚS BERNAL TORTOSA

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