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Jonás, Moby Dick y otras crónicas de ballenas hispanas

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Noticia redactada por Rafael Lema Mouzo

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Posiblemente las ballenas más famosas de la historia sean Moby Dick y la anónima que cobijó tres días al desobediente y malhumorado Jonás. No le sacan mucho espacio en la parrilla al monstruo que el céltico San Brandán confundió con una isla errante. Asumida siglos después por cartógrafos medievales como archipiélago atlante de insólitos islarios y cuyo primer gobernador fue un gallego. Ya hablaremos, anótenlo. En general son tres productos de crónicas literarias, criaturas del ingenio humano, pero a veces con una base real, un trasfondo, una herencia.

En "Costa da Morte, crónica marítima" tengo tratado sobre una Moby Dick gallega presente en los relatos de navegantes devotos de la Virgen de Pastoriza, la ballena enfurecida que en la Navidad de 1700 abrió y trastornó el barco ballenero de Juan Vidal Canzelo de Caión. La virgen escuchó las plegarias de los temerosos náufragos, puso derecho el barco y reanudaron la caza.

Aunque nos parezcan todas estas historias inconexas y sin relación, o que "non van con nos", lo cierto es que sí van. Todas pertenecen al universo cultural y mítico peninsular, bien por entrar dentro de las leyendas de las tierras ibéricas y galaicas donde se pone el sol en medio del camino que lleva al paraíso, bien porque en el caso de Moby Dick además cuenta con antecedentes hispanos. Me interesa contarles en primer lugar la crónica de la ballena "hispana" de Jonás, la más antigua. Pero trataré en otros capítulos de los demás casos.


JONAS Y LA RUTA IBERICA

La posible tumba del profeta Jonás, por lo menos la más acreditada, fue destruida el 24 de julio del 2014 por el Estado Islámico. Otro acto más de estos descerebrados hijos de un demonio que en su currículo hacen corta la lista de salvajadas de la antigüedad. Se encontraba en la ciudad iraquí de Mosul, en la provincia de Nínive, donde el profeta vivió y cumplió su mandato divino, aunque más bien se trataba de un cenotafio que un día fue depósito de huesos, y no descansaba cuerpo alguno en él. El sitio era un lugar sagrado para judíos, cristianos y musulmanes.

Según la Biblia, el Tanaj y el Corán, Jonás fue profeta en el reino de diez tribus durante el reinado de Jeroboam II, soberano durante 41 años (820 al 779 a. C.). Es considerado el autor del libro bíblico homónimo. Su episodio más conocido tiene que ver con un gran monstruo marino, un pez enorme, que suponemos una ballena por ser el rey de los mares. Aunque en el reino de la fábula y los relatos maravillosos tiene cabida todo, desde un sireno a una nave alienígena. La incredulidad es siempre necesaria en este viaje, pensar en cómo se cuenta y no en qué se cuenta. En las circunstancias y ámbito cultural temporal que vio nacer el relato, sobre todo cuando fue escrito que no siempre coincide con cuando se cree que sucedió el prodigio.

El aedo jonio Homero no fue contemporáneo de la guerra de Troya, pero sí de Jonás y "primo-curmano" de los navegantes de las naves de Tarsis. En lugar de cumplir con su asignación de predicar a los ninivitas, Jonás decidió huir hacia otros vientos, al oeste, al confín de la tierra. Allá donde se hunde el camino de las estrellas, el curso del sol. ¿Les suena el lugar? En el puerto de Jope consiguió un pasaje en una nave que se dirigía a Tarsis (Tartessos, la primera civilización de la península Ibérica).

Después de embarcar, Jonás se durmió profundamente en las "partes más recónditas" del barco. Lo que da a entender que se trata de una gran nave comercial para largas derrotas. Mientras tanto, los marineros (serían una mezcla de griegos e ibéricos, con otros enrolados de las islas de paso, con distintas lenguas y religiones) se enfrentaron a un viento tempestuoso enviado por Dios que amenazaba con destrozar la nave. Clamaron a sus distintos dioses por ayuda y arrojaron objetos por la borda para aligerar el barco. El capitán de la nave despertó a Jonás, instándole a que también invocase a su "Dios".

Finalmente los marineros echaron suertes para determinar por culpa de quién se había originado la tormenta. Yahveh hizo que la suerte cayera sobre Jonás y éste confesó que no había cumplido la manda de su dios Yahveh y por ello deberían arrojarlo al mar para calmar su furia. Los marineros, hijos de una tradición de pueblos navegantes con leyes del mar paridas en el idioma bastardo de las orillas del Mediterráneo y las reglas de Rodas, trataron por todos los medios por volver a tierra y desembarcar al hebreo, hasta que viendo la inutilidad de la maniobra y cómo eran víctimas de un dios iracundo y no del clima, cumplieron con la voluntad del viajero. Lanzado al mar, se detuvo la marina furia. Entonces, Yahveh dispuso que un gran pez se tragara a Jonás, quien pasó tres días y tres noches en su interior.

Jonás oró a Yahveh glorificándole como salvador y prometiéndole pagar lo que había prometido anteriormente. Ante la nueva actitud de su acólito, Yahveh ordenó al pez que vomitara al profeta en tierra firme.

Así pues, la idea de Jonás era la de embarcar en la más larga de las rutas, al país del poniente, a nuestra península, un comercio que enriquece a las islas egeas que monopolizaban la derrota; primero los samitas, luego los foceos. Y dentro de las fabulosas historias de estos navegantes sin rival, pues nadie disponía de mejores naves ni realizaba tan largas travesías, se encontraban los grandes monstruos marinos. Solo sería creíble la historia del profeta tragado por un ser marino infernal si se vinculaba al rumbo de occidente, al de la Atlántida, donde todo era posible por desconocido.

Tartessos para los griegos era la primera civilización de Occidente, heredera del Bronce final atlántico, que se desarrolló en el Golfo de Cádiz, en la costa suroeste de la península Ibérica y las riberas del río Betis (Guadalquivir). El marco temporal del libro de Jonás en la Edad del Hierro se acerca al del apogeo socio-cultural y construcción de murallas en poblados tartésicos.

Los griegos samitas y focenses fueron sus socios, luego cayó bajo el control de enclaves comerciales fenicios en un proceso de aculturación y adopción de técnicas y ritos. Para las fuentes griegas Tartessos era un estado gobernado por una monarquía instalada en un país rico en productos agrícolas, ganaderos y en minerales como el oro, la plata, el estaño y el hierro. Con la llegada de los fenicios Tartessos se convirtió en el principal proveedor de bronce y plata del Mediterráneo, y base en la navegación hasta las islas Casitérides (las Islas Británicas), con escala en Galicia, en busca del preciado estaño necesario para la producción de bronce.

Sobre las intensas relaciones entre Tartessos y el Levante palestino, en el yacimiento de Cancho Roano (Badajoz), se localizan unas fórmulas arquitectónicas que apuntan a la zona norsiria y, quizás, de Fenicia septentrional, que parecen derivar de los palacios norsirios de inicios del I milenio, cuyo elemento más característico es el bît-hilani o pórtico de columnas abierto a un salón del trono con su eje longitudinal paralelo a la fachada, pudiendo considerarse origen de la apadana persa y del iwan sasánida.

Un mito que nos hermana con el mundo tartésico es el de "nuestro" Gerión, cuya cabeza fue enterrada por el héroe Hércules bajo su torre coruñesa y luce en el escudo de nuestra provincia. Son leyendas que van corriendo por la costa que van descubriendo los navegantes atrevidos que se internan en el mundo atlántico. Gerión era el primer rey mitológico de Tartessos, un gigante tricéfalo, o al menos con tres cuerpos de cintura para arriba, que pastoreaba sus grandes manadas de bueyes a las orillas del Guadalquivir (luego de la Brigantium de los ártabros, porque para la magia no hay tiempo).

Fue vencido por Heracles que sobre su cadáver construyó la Torre de Hércules coruñesa. En la misma ciudad un sefardita gallego creó una de las más preciosas iluminaciones sobre el episodio de Jonás y la ballena, en la magnífica Biblia de Kennicott, una copia manuscrita de la Biblia hebrea escrita en A Coruña en 1476. Es uno de los manuscritos iluminados más exquisitos que se conocen en lengua hebrea; una obra cumbre de la ilustración medieval, redactada por el calígrafo Moisés Ibn Zabarah e iluminado por Joseph Ibn Hayyim. Dos ilustres vecinos judíos coruñeses.

TARTESSOS BIBLICO

En la Biblia, junto al paraje que centra este artículo, aparecen referencias a un lugar llamado Tarshish, también conocido como Tarsis: En el Primer Libro de los Reyes: «En efecto, el Rey Salomón tenía naves de Tarsis en el mar junto con las naves de Hiram. Las naves de Tarsis venían una vez cada tres años y traían oro, plata, marfil, monos y pavos reales.» (Antiguo Testamento, Libro de los Reyes I, 10-22). Una ruta de tres años solo puede ser a un lugar muy lejano, no al entorno levantino como algún poco ilustrado maneja. En un texto del Profeta Ezequiel (27, 12) (siglo VI a. C.) se comenta que Tiro comerciaba con Tarsis, hecho histórico contrastado.

En el Libro de Jonás 1,3 (siglo VIII a. C.) leo: «Pero Jonás se levantó para ir a Tarsis, lejos de la presencia de Yahvéh. Bajó a Yoppe y encontró una nave que iba a zarpar hacia Tarsis. Pagó el pasaje y se embarcó en ella para ir con ellos a Tarsis, lejos de la presencia de Yahvéh».

- Ballenas en la Costa da Morte -

Precedentes de los textos griegos más conocidos y que evito por falta de espacio podemos citar: la estela fenicia de Nora (siglo IX a. C.), encontrada en Cerdeña, donde un navegante chipriota agradece al dios Pumar haber llegado a su hogar TRŠŠ sano y salvo.

En la estela de Assarhaddon (siglo VII a. C.) aparece el nombre de Tarsis, pero hay dudas sobre si realmente se trataría de nuestro Tartessos. De cuya cultura epígona saldrían desde las orillas del Anas (río Guadiana, vadeable por la futura Mérida) en ruta hacia Galicia, dos pueblos conocidos: túrdulos y nerios (marcha documentada por Estrabón). Tanto por tierra como por mar contaban con rutas largamente usadas por tartésicos, griegos, fenicios al Finisterre y más allá.

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