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Lanchas de Noia salvan el galeón de Cee Nuestra Señora de la 0 en 1836

Foto- Noia Turismo

Las denuncias de averías eran una práctica habitual en las notarías por parte de los patrones de nuestros veleros, cuando perdían su carga o sufrían daños en el barco. En 1836 un galeón de Cee, Nuestra Señora de la O, capitán Jaime Buldón, lleva sal para Francisco Pou, fabricante de sardina; pero casi naufraga en Noia si no es por la valiente ayuda de dos lanchas de esta villa.

Declaración del patrón del barco de Cee Nuestra Señora de la O, después de varar su galeón en unas piedras cerca de Noia, a pesar de «tomar» práctico.

«En la villa de Noya a 26 de julio de 1836, parecieron presentes ante mí escribano y (…) don Jaime Buldón, matriculado y residente en la villa de Cé, patrón del galeón nombrado Nuestra Señora de la O, y con el su tripulación (…) todos matriculados y vecinos de la expresada villa de Cé, y unánimes dijeron: que el día 22 salieron de la nominada villa de Cé a esta de Noya con motivo de solicitar do Francisco Pou, fabricante de sardina en aquella villa, cuatrocientas anegas de sal de los alfolís de esta villa, a donde llegaron en el mismo día.

Se facilitó al día siguiente el cargamento (…) saliendo al anochecer del día 23, tomando práctico para que los echase fuera del río, pero tocaron en unas piedras y quedaron encima de ellas; con el peso de la cuatrocientas anegas y sin embargo de echar los rizones a la mar ya no pudieron arrancarlo de hallí, lo apuntalaron que a no ser así se abriría por el medio, dio en hacer porción de agua por haberse rendido la quilla, la sobrequilla y haberse roto 5 maderas; en razón a lo cual, y de que se iba a desperdiciar toda la sal trataron de desenvergar las velas, conducirlas a tierra y encima de ellas echar la sal que pudiesen carretar entre el patrón, los tripulantes y las mujeres de las inmediaciones de aquel punto.

Concurrieron de orden de dicho patrón dos lanchas, y con ayuda de ellas pudieron sacar el galeón de entre las piedras y el resto de la sal la trasladaron a una de las lanchas; puesto en tierra el galeón fue compuesto con toda seguridad con los carpinteros de ribera de este puerto y los de la Barquiña.

Con cuya havería dispone el capitán y los tripulantes haberse desperdiciado a cosa de ciento cuarenta y dos anegas de sal, ya que cuando trataron de sacarla del galeón ya les daba el agua por medio del cuerpo, de todo lo cual toma la conducente protesta (…)».

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