Hemos tratado en estas crónicas sobre las acciones de los aviones alemanes en la Segunda Guerra Mundial en las costas gallegas.
Aeronaves con bases en nuestro territorio, por ejemplo en Labacolla, que atacaban la navegación mercante aliada y se enfrentaban sobre los tejados de las aldeas de la Costa da Morte con cazas británicos y norteamericanos. Desde sus refugios secretos, o no tanto, en Galicia y otros puntos peninsulares, actuaban también en las aguas lusas, ya que el alcance llegaba a Lisboa. Importancia crucial cobraron las antenas gallegas y el sistema de radiofaros para el control de las líneas de abastecimiento aliadas o el apoyo a los submarinos, sobre todo la estación de Cospeito. Faros como Vilán, Bares o Silleiro daban servicio de radiofaro y luces de orientación en sentido vertical.
Los alemanes ampliaron el viejo aeródromo lucense de Rozas, gracias al que podían obtener repuestos u operarios desde Alemania en pocas horas. España utilizó muchos aviones nazis tras el conflicto, en la aviación civil y militar. Aviadores y técnicos se quedaron en Galicia tras la guerra.

Científicos nazis y la aeronáutica
El periodista de La Razón Julio Iglesias recuerda que «Uno de los campos donde más se destacó la presencia de científicos nazis fue la aeronáutica. España, a pesar de estar tecnológicamente atrasada en comparación con otras potencias europeas, estaba muy interesada en mejorar su capacidad aérea».
Los científicos nazis, expertos en el diseño de aviones y misiles, fueron acogidos para ayudar a desarrollar tecnología militar de una España autárquica. Durante las décadas de los 40 y 50, algunos de estos expertos trabajaron en proyectos secretos en fábricas y centros de investigación gallegos, transmitiendo sus conocimientos y continuando con sus investigaciones en plena dictadura. A ello sumamos las empresas salidas de «la araña», la red de blanqueamiento del dinero del wolfram.

El veterano Vapor Dago
La página de facebook «Um mergulho na Historia» nos acerca una crónica de un suceso en la costa portuguesa que pudo tener como actor a uno de los aviones que salían de bases españolas.
El «Dago» era un vapor británico, construido en 1902, en la ciudad escocesa de Dundee, por Caledon Shipbuilding & Engineering, Co. Ltd. Encomendado por Wilson Line, uno de los dos grandes nombres de la navegación británica, el barco fue inicialmente registrado en el puerto inglés de Hull con el nombre de Wilson, Sons & Co. Ltd. Con 85,5 metros de eslora y 1757 toneladas brutas, fue fabricado en acero, estando equipado con dos calderas de 200 libras y un motor a vapor de triple expansión, con una velocidad máxima de 11,5 nudos. A lo largo de su historia, fue objeto de varias intervenciones, incluido un aumento de tonelaje en 1909 y una gran carena en 1930, bajo el mando de Ellerman Wilson Line. Durante la Gran Guerra y la Segunda Guerra Mundial, el «Dago» fue requerido para el esfuerzo de guerra británico, transportando carga general entre Gibraltar y Liverpool, con escala en puertos como Lisboa y Leixões. A pesar de ser una embarcación anticuada en 1942, continuaba su labor ante la falta de medios.
La última singladura del vapor Dago
El 15 de marzo de 1942, con 83 años, el «Dago» partió de Lisboa con destino a Leixões, transportando 300 toneladas de carga. Iba artillado. Llevaba 37 personas, con 6 artilleros operando ametralladoras Marlin, Hotchkiss, una Lewis, um Holman Projector y dos lanzacohetes P.A.C.
En una tarde de cielo nublado y viento fuerte, avistaron un avión británico Short Sunderland, sobre el que dispararon por confusión. A las 18:00, navegando la costa lusa a lo largo de Cabo Carvoeiro, un segundo avión fue avistado, esta vez un Focke-Wulf Fw 200 Condor de la Luftwaffe, que se aproxima al barco, en donde inician posiciones defensivas, usando munición antiaérea con los P.A.C. y el Holman, sin éxito.
En su tercera pasada, el avión lanza tres bombas. La primera destruye el castillo de proa, la segunda alcanza el puente y el sistema de emergencia del motor, y la tercera penetró la bodega n.º 2, que estaba vacía. El «Dago» mete agua rápidamente y se hunde en apenas cinco minutos. La crónica de Um mergulho na Historia nos relata el suceso: «A tripulação conseguiu lançar os botes salva-vidas, mas um deles ficou preso e foi atingido pela hélice do navio enquanto este afundava. Embora quatro tripulantes tenham ficado feridos, todos os 37 homens foram resgatados cerca de uma hora depois pelo salva-vidas Almirante Sousa e Faro, de Peniche, auxiliado por pescadores locais».
El ataque al «Dago», realizado cerca de la costa portuguesa de Peniche, causó un incidente diplomático, ya que Portugal era un país neutral en la Segunda Guerra Mundial y la presencia de Kondor alemán sobre el espacio aéreo portugués fue considerada una violación de la soberanía nacional. Durante décadas, no se identificó el lugar del naufragio más que por unas marcas en la tradición oral de los pescadores de Peniche. En 2005, los restos fueron localizados en esas marcas por el equipo de Paulo Costa.

La red nazi gallega
España y Alemania empezaron a colaborar con meteorólogos en 1941 en la estación de Ribeira, desde donde se lanzaba a diario el radiosonda de la Marina germana. Al año siguiente se hacían radiosondeos desde las estaciones de O Grove y Marín. Estos datos meteorológicos eran imprescindibles para la aviación. En 1940, soldados del III Reich ubicaron en el municipio lucense de Cospeito tres modernas antenas. Sus emisiones en morse y onda larga sirvieron para guiar y localizar barcos, submarinos y aviones por media Europa, norte de África y una buena franja del Atlántico.
Las estaciones de radiogoniometría gallegas cubrían un área comprendida entre el Golfo de Vizcaya y el Canal de la Mancha a Lisboa; la de Sevilla la zona sur de Portugal y el Estrecho. A ello se unen la antena de Abadín, pero también las ocultas estaciones de Pedrafita y Outeiro de Rei. En estas dos últimas había una estación metereológica y un radiofaro, «lo que constituye una evidencia de autovías aéreas», según destaca el periodista Luis do Rego.
En 1943 se creó la Unidad de Radiotelegrafía del Servicio Radioeléctrico con estaciones en Alcalá del Río (Sevilla) y Bonxe, dependientes de la nueva Dirección General de Protección del Vuelo, que controlaba el Servicio Nacional de Metereología y el Servicio Radioeléctrico. Ambas unidades estaban bajo el mando del teniente de radiogoniometría Román Viudez Prieto. Junto a la RA Atlántica de Lugo, nombre oficial de ese destacamento, se instalaron estaciones de radio en Ferrol, Santiago y O Grove,
«La información salía desde Galicia, como cabecera de sector, hacia Valladolid y Madrid, que la reenviaba a Berlín», aclara Do Rego. Las instalaciones se hicieron con material y personal germano, con la evidencia de un alto aumento de la plantilla. En abril de 1943 había trece radiogoniometristas y seis mecánicos radiotelegrafistas, pero en poco tiempo trabajaban setenta personas.
