PRIMERA PARTE -UN CIEGO Y DOS TUERTOS
«Thre men in a boat» es una novela cómica de Jerome K. Jerome publicada en 1889, inspirada en un viaje en barca del autor por el Támesis y llevada al cine en 1956 por Ken Annakin. O quizás tras un caso reciente que el humorista inglés pudo leer en la prensa se animó a la expedición río arriba. Tres ingleses en un boat no mayor que las lanchas o traíñas de pesca del arenal a la sombra del Castelo do Soberano llegan en 1887 a Camariñas desde la sudafricana Durban, ante el asombro del vecindario. No era el esquife de uno de los cientos de barcos perdidos en la Costa da Morte. Enseguida se corre la voz por la ría y desde Ponte do Porto, Xaviña, Merexo o Muxía acuden a ver a tan extraordinarios personajes. Un ciego y dos tuertos, «dous altos coma vigas, rubios e barbados» en una destartalada carrilana náutica de vela remendada fondean en la vieja dársena del siglo XVIII. Todo un maná para los arranxadores de coplas del entruido.

La aventura recuperada en el blog Cabo Corrubedo el 10-2-2018 nos llevó a buscar el diario editado del capitán Nilsen, protagonista inspirador de la hazaña. Y, aunque en principio la prensa no citaba Camariñas, sí aparece en un episodio del cuaderno de bitácora y por ello colocamos a nuestra villa en el alto honor que le corresponde en esta pericia náutica. No les vamos a seguir dejando en la intriga.
Empecemos explicando que no eran súbditos de la reina Victoria sino noruegos y que su aventura nada tenía que ver con un afán explorador ni huían de la ley. Son emigrantes sin fortuna a los que no les fue bien la diáspora como a tantos gallegos. Tres escandinavos con sus vidas perdidas en la sudafricana Durban, a orillas del índico, deciden construir una embarcación para regresar a Europa, aprovechando la pericia de uno de ellos, Nilsen, capitán mercante. Le llamarán al ridículo bote, de poco más de seis metros de eslora, Homeward Bound ( Regreso a Casa). La idea es alcanzar la ciudad británica de Dover, a 14.000 kilómetros. Y lo conseguirán.
El último puerto al que surten antes de llegar a su destino será precisamente Camariñas, tras once meses de derrotas. Si ya era una proeza atravesar la costa gallega -sortear Meixidos, los bajos de Corrubedo, Finisterre, Touriñana- en una chalana, lo que habían hecho hasta entrar en el abra de Camariñas Ingvald Nilsen, su hermano Bernhard Nilsen y Zephanias Olsen va más allá de la temeridad.

CAMARIÑAS
El bote había llegado antes a Corrubedo, impedidos de alcanzar Finisterre por el fuerte viento, como veremos. Llegaron desde la escala en Azores. Cansados de no recibir ayuda consular, con escasos víveres para afrontar la dura travesía del Mar Celta salen el día 27 de febrero de Corrubedo hasta cabo Vilán y Bares, pero el 4 de marzo hicieron escala en «Camerina». Llegaron cansados y famélicos tras doblar Finisterre. Estarán en la villa a la espera de un buen viento y de mejorar sus condiciones.
Cinco jornadas entre Corrubedo y Camariñas dan idea de las dificultades de atravesar la Costa da Morte (cuyo nombre aún no había nacido) en una balsa en un mes de temporales. Unos días antes de la salida, con la barca en tierra en Corrubedo, se había producido una fuerte tempestad. El capitán Nilsen conocía nuestro litoral por haber servido en la mercante, así que tomaría todo tipo de precauciones en su cabotaje, asistido por las escasas linternas (Finisterre, Vilán), preguntando por marcas y guieiras a alguna lancha de pescadores en la ría de Noia o el seno de Corcubión.
Pese a su fortaleza nórdica para aguantar los peores y más fríos climas esas largas noches de húmedo invierno galaico quemaron sus existencias y quebraron sus fuerzas, obligándolos a entrar en un abrigo muy socorrido desde los inicios de la milenaria navegación para los que pasan desde vendaval El Cabo o lo van a intentar llegando del norte. Como en Corrubedo, la acogida en este pueblo terminal, alejado del país por carreiros pero unido al mundo por el vasto océano, fue calurosa y desprendida en lo posible. Así lo tenían por costumbre acreditada en sus memorias por tantos supervivientes de naufragios.
Ingvald pudo practicar su inglés en Camariñas con un viejo capitán español jubilado, quien, en el momento de zarpar dos jornadas más tarde, los despidió desde el balcón de su casa agitando un pañuelo blanco mientras los vecinos se apiñaban en el muelle para decirles adiós y ellos corresponden inclinando la bandera (dipping the ensigne). Este lobo de mar les ofrece su casa, les da víveres. No puede ser otro que José María Patiño, piloto y naviero, vicecónsul de Gran Bretaña desde 1880, dueño de la hoy conocida como Casa do Barómetro do Serpent.
Mi pariente Domingo Antonio de Pazos (vicecónsul de Portugal) puede ser otro candidato, pero nos decantamos por el ex edil liberal Patiño, por ser un culto anglófilo recalcitrante, por sus innegables dotes de altruismo y por la nacionalidad de los viajeros. Si bien son noruegos, contaban con licencias inglesas como miembros de sus colonias sudafricanas. Igual que en Corrubedo, el pueblo, los curas, las autoridades los asisten.
Son hombres muy religiosos, y esa confianza en la providencia fue una de sus fortalezas de su ánimo en medio de la adversidad. El domingo a las 11 celebran siempre sus oficios, lo hacen en Azores, en Corrubedo y en Camariñas; supongo que visitan la iglesia de San Xurxo de Buria o incluso la capilla de la Virxe do Monte protectora de los navegantes y faro ocasional, pese a ser protestantes. Hijos de Cristo a fin de cuentas, hijos del mar. De lo que no tengo ninguna duda es de su estancia en el templo de la virgen del Carmen en el arenal, a pocos pasos de su bote, la gran valedora de los marineros; aunque solo sea por curiosidad al ver a los vecinos entrar en el servicio dominical.
Tras los rezos, emprenden el tramo final de su desvelo, ya en las orillas del mar que alcanza Inglaterra, su destino. La surada de febrero había rendido varias velas, como la corbeta Rheidal Queen al pasar Caión. O un gran vapor inglés en Cangas, mientras el capitán visitaba al cónsul vigués, el SS Valparaíso. Mayo será mucho más trágico en la Costa da Morte, por lo menos con los datos conocidos. Camariñas vela a las pobres víctimas del Marie Antoinette.
VALPARAÍSO. 28-2-1887. Lugar: Punta Borneira, entre Cangas y Limens, ría de Vigo. Tipo de buque: vapor de 3.575 tns. Británico de la Pacific Steam Company. Se dirigía de Liverpool a Valparaíso con cargamento de especias y mercurio, rescatado. Nacionalidad: Inglesa.
MARIE ANTOINETTE. 3-5-1887. Camariñas. Polacra de Marsella, sin rastro de la tripulación. El 6 de junio de 1887 el ayudante de Marina de Camariñas José Ramón Vázquez Domenech en la prensa hace público el expediente de salvamento de los efectos que aparecieron a flote en las inmediaciones del cabo Vilán en la madrugada del 3 de mayo procedentes de una polacra redonda abandonada en el mar y da cuenta de un salvavidas con la inscripción «Marie Antoinette, Marseille». Características: Carga general, vapor tipo Compound invertido, 550 H.P., 3575 T.R.B., 115.58×12.74×10.11, acero. Botado: 1873, J. Elder & Co. Nacionalidad: Francesa.
La hospitalidad de los puertos de la Costa da Morte con los navegantes en problemas queda una vez más acreditada. Parten con tan buenos recuerdos de las gentes populares de la costa y siguen su rumbo. Fondean a una milla de Cedeira. Aquí sufren el día 10 la visita de corruptos agentes de aduanas en una lancha, que les revuelven todo de malas maneras, buscando contrabando. Volvieron el 11. Los nórdicos agarran por las piernas a un aduanero y los arrojan a su bote. Se alejan los vigilantes increpando con insultos a los extranjeros y amenazando con volver al día siguiente. Pero los noruegos zarpan de madrugada, con la proa desde Bares a Inglaterra.

CORRUBEDO
Veamos la estancia anterior en el primer puerto gallego al que entraron.
En Corrubedo, un jueves 10 de febrero de 1887, un día invernal y ventoso, un bote desconocido se acerca hasta el pueblo. La embarcación, de pequeñas dimensiones, fondea frente a la fábrica de Manuel Fernández, quien los toma por náufragos de algún mercante y por medio de una barca les intenta prestar un auxilio del que desisten.
La noticia apareció el 11 de febrero de 1887 en el periódico compostelano Gaceta de Galicia y lleva la firma de José Martínez Fernández, entonces un joven de veintitantos años pero pronto va a ser el alcalde más célebre de Ribeira. Ahora el inesperado corresponsal indica que en lugar de querer ayuda, los desconocidos se limitaron a entregar un papel con algo escrito en inglés. «Sin duda para que se publicase, pues por la figura y condiciones de la embarcación y las circunstancias de fondear, recoger velas y dejarse estar tranquilamente en un sitio de tanto peligro como es la costa de Corrubedo, se deduce que son marinos ingleses que por una apuesta o extravagancia andan desafiando a los elementos».
De nuevo los toman por ingleses, los amos del mar que ninguna meritoria costa descubrieron, a rebufo de españoles y portugueses. Y reproduce el contenido del papel: «BOAT HOMEWARD BOUND/ CAPT INGVALD NILSEN/ FROM PORT NATAL/ SOUTH AFRICA TO/ LONDON/ ENGLISH» (Bote en viaje de regreso/ Capitán Ingvld Nilsen/ desde Puerto Natal/ Sud Africa á/ Londres/ Inglés). Algún noticiero galaico se hace eco. Por ejemplo, en Vilagarcía, El Eco Comercial. O el ferrolano El Correo Gallego, que tras copiar la carta de José Martínez Fernández escribe: «No deja de ser curioso este sucedido, por los misteriosos detalles que le rodean». Y la aventura así queda en el olvido hasta ser rescatada en el blog de Corrubedo.
Describen las casas mal encaladas de Corrubedo y unas gentes que les parecen míseras. Agradecen la hospitalidad del pueblo y de algún cargo. El viejo farero les enseña el faro, le encendió la lente. Una muchedumbre de mujeres y niños los persigue siempre, como en Camariñas. Dos curas les invitaron a vino, pescado y «conja» (coñac).

Arremeten contra los agentes de aduanas que los acosan y contra los cónsules noruego e inglés de Carril y Vigo que no los apoyan. El viaje a Vigo narrado en el diario es penoso: a pie por dunas y rocas varias horas hasta Ribeira, en vapor a Carril, en diligencia a Pontevedra y en tren a Vigo. Al no entender el idioma un pasajero indica a Nilsen que se apease muchos kilómetros antes de ciudad viguesa, y tuvo que terminar a pie. Para comprar suministros dejan un revólver, varias prendas, un telescopio, un rifle Martini-Henry. En el diario aparecen malas grafías de los pueblos: Corobeda por Corrubedo, Coril por Carril, Santa Ocania por Santa Eugenia, Ponto Vedro por Pontevedra, Poblo por Puebla. Dejan una crónica del mal estado de los caminos y servicios, una nota del ambiente de la época. Al día siguiente, frustrados, los viajeros abandonaron «Corobeda».
El 4 de marzo hicieron escala en Camariñas [«Camerina»] como vimos. El 12 los noruegos enfilaron el Cantábrico y se detuvieron cerca de la costa de Cedeira, sin tomar tierra. En «The penny ilustrated paper» hay dibujos del bote y los marinos. Datos de su derrota. Nos indican que encontraron muchas dificultades en la Bay of Biscay y en la entrada del Canal, pero finalmente logran arribar a Dover en condiciones extremas y con unas tablas zarandeadas. Hasta aquí la travesía galaica, seguiremos indagando en el diario y en los antecedentes de la expedición en el próximo capítulo.

