Una de las mujeres protagonistas de la vida social del siglo XIX, la coruñesa Juana de Vega, vivió de niña en Camariñas. Su padre era dueño de una fábrica de salazón en esta villa y armó cañoneras de Camariñas que participaron en la batalla de Ponte Sampaio. Hechos desconocidos para la mayoría de nosotros y que ella misma anota en sus memorias.
Salazones, comercio ultramarino y la presencia de la familia De la Vega en la villa
Juana María de la Vega, condesa de Espoz y Mina (A Coruña, 7 de marzo de 1805-22 de junio de 1872), activista y escritora liberal , es una de las grandes mujeres del siglo XIX en España. Casada con el guerrillero y militar liberal Francisco Espoz y Mina, tras su muerte fue aya y camarera mayor de Isabel II durante la minoría de edad y volvió a A Coruña, donde destacó por su activismo político y social, o por la escritura de dos obras de memorias, la última inacabada, en donde aparece el párrafo en cuestión dedicado a su estancia en nuestra ría. Juana de Vega se crió entre libros, tertulias y pronunciamientos en una casa de la calle Real coruñesa en donde nació el 7 de marzo de 1805. Hogar de una familia acomodada gracias al patrimonio indiano del progenitor, liberal e ilustrado.
Su padre, Pedro José Antonio de la Vega, era un comerciante y hombre de negocios que hizo fortuna en La Habana, donde tuvo un negocio propio. Pero era de extracción humilde, de origen cántabro, ocupado en el negocio portuario, y se ganó su fortuna en Cuba desde abajo. Embarcado en uno de los Correos que unían la ciudad con el Caribe, se instaló en Cuba.
Es en esta estancia cubana y por sus relaciones con el comercio ultramarino, donde pudo conocer a algunos de sus amigos vinculados a Camariñas, como los Feijoo Pardiñas, los Menéndez. En uno de sus viajes de vuelta a la metrópoli conoció a la que sería su esposa, Josefa Martínez Losada. Una apasionada de los libros que inculcó a su hija su pasión por la lectura y la escritura. Se instaló en A Coruña y adquirió diversos bienes en Camariñas, entre ellos una fábrica de salazón en Cedeira, en uso al menos desde 1805. Es la primera referencia que tenemos a estas industrias en la localidad, en donde gozaron de gran tradición.
Será la base de las llamadas fábricas de don Genaro y don Cándido, muy activas desde mediados de siglo. El Partido Liberal contará en la villa de Camariñas con un grupo de poder en este siglo, aunque en otra generación (Patiño, Lago, Rivas, Pardiñas). Algunas de estas familias no sólo acogerán a los De la Vega sinó posteriormente al geógrafo Domingo Fontán. La existencia de una importante fuente de ingresos de la familia en Camariñas acredita una presencia en nuestra villa que no sería solo circunstancial, sino más frecuente, por lo menos de parte del progenitor. Es un rastro aún por buscar y del que solo aportamos una inmediata noticia.

El contexto liberal de una familia marcada por el exilio y la persecución política
Don Juan era un personaje principal entre los liberales coruñeses y por eso tuvo problemas durante la invasión francesa y sobre todo con el absolutismo del desgraciado Fernando VII. durante la Guerra de la Independencia fue elegido procurador síndico del Ayuntamiento y miembro de la Diputación Provincial; cuando Fernando VII restableció el absolutismo en 1814 fue multado e inhabilitado durante dos años para ejercer cargos públicos. Al año siguiente participó en el pronunciamiento fracasado del brigadier Juan Díaz Porlier en favor de la Constitución de 1812, lo que le obligó a marchar al exilio en Portugal.
Tras el pronunciamiento constitucional de Rafael del Riego fue elegido vocal de la Junta de Gobierno Revolucionaria de A Coruña. Pero sufrió de nuevo el exilio con la segunda restauración del absolutismo en 1823; ahora acompañado de su hija Juana, que acababa de casarse con el general liberal Francisco Espoz y Mina. Juana en sus memorias quiere reivindicar el espíritu patriota de su padre, explica cómo tuvo que abandonar la ciudad en enero de 1809 para esconderse en Camariñas, en donde contaba con un almacén y un salazón, en la entrada de la villa. Llevó a su mujer y criados, también a la pequeña Juana de 4 años de edad, que pasó al menos un año en Area da Vila, jugando con las hijas de los operarios locales. El párrafo, del que me dio cuenta Diego Alonso, aporta otra nota importante para la intrahistoria local: la participación de camariñanes en la decisiva batalla de Ponte Sampaio, en donde los franceses fueron expulsados para siempre de nuestra región. Leemos el testimonio preciso de Juana de Vega:
Patriotismo de Vega”: el testimonio directo de Juana en sus memorias
Mi padre era del número de los buenos españoles que se declararon contra la injusta invasión de Napoleón. Contribuyendo gustoso con su fortuna a repeler aquella agresión, tuvo que salir de La Coruña con su familia al acercarse el ejército francés y retirarse a la villa de Camariñas, en donde a la sazón tenía una fábrica de salazón. Desde allí contribuyó a prestar servicios de importancia a la causa nacional, armando algunas lanchas cañoneras que en el puente de San Payo tan poderosamente auxiliaron a la victoria alcanzada allí por nuestras armas. Evacuada la plaza de La Coruña por los enemigos, restituyose inmediatamente a su casa. Conservó entre otros muchos documentos importantes, el que acredita este servicio a la causa nacional. Hombre recto y pensador, acogió con júbilo el memorable decreto que mandaba se reuniesen Cortes, considerándolo como la reconquista de los fueros que la nación había perdido.

Camariñas, puerto estratégico en la Guerra de la Independencia
Juana de Vega pasó un año de su infancia escondida en Camariñas, pero no fue una estancia alejada del peligro ya que un destacamento francés había ocupado el Castillo del Soberano desde marzo de 1809. Esto nos lleva a pensar en el papel del padre, amigo de la Ilustración y de muchas de las ideas revolucionarias -por lo que fue expedientado tras la guerra-, pero sobre todo patriota. La elección de Camariñas debió de contar con varias conveniencias: la protección de la familia en un lugar apartado en donde poseía fundos -amistades y socios comerciales-, con la frecuente entrada y salida de barcos de amigos-socios en los que podía abandonar el país.
Pero, junto con Muros, era el principal puerto de la vieja provincia de Santiago en poder de los gabachos y con presencia militar francesa. El centenario boticario de Ponte do Porto Enrique Álvarez Pardiñas me aportó algunas notas de la memoria oral familiar que nos sirven para poner en contexto la situación. La llamada casa da botica de O Outeiro de Ponte do Porto, al lado del puente medieval y del comercio de Ramón Castro, sirvió de refugio durante la francesada a un exiliado y después a un militar, oculto en ella durante un tiempo. Próxima se hallaba la casa del platero Blas Espín, otro nombre a destacar en la alarma local.
En plena guerra civil, un noble obrero descubrió un tesoro oculto, una bolsa de monedas de oro españolas de los reinados de Carlos III y Carlos IV, que entregó al suegro del farmacéutico, y le sirvió para recuperarse de la ruina de su almacén de madera quemado por los anarquistas locales en la Revolución de 1934. Dinero ocultado posiblemente de la rapiña francesa o de la pesquisa absolutista posterior, pero abandonado de forma abrupta por circunstancias violentas y olvidado por su dueño. Algunas monedas se salvaron y pude retratarlas. La familia De la Vega partió desde A Coruña a Ponte do Porto, allí estuvo un tiempo en la citada casa, antes de instalarse en Cedeira (Camariñas). Estos cambios de domicilio estarían acordes a las vicisitudes de la guerra en la ría, con las refriegas entre las alarmas locales y las tropas de ocupación.

El “Saqueo de Camariñas”: análisis de las fuentes y de la memoria histórica
Los franceses al mando del mariscal Soult habían entrado en enero de 1809 en A Coruña y el 3 de febrero ocupan Santiago con los dos regimientos del general Marchand. Desde entonces se crea una junta de defensa en Corcubión y alarmas entre Carnota y Laxe. Pero Camariñas es tomada enseguida por un destacamento francés que se instala en el Castillo del Soberano y la plaza será el principal punto de apoyo, junto a Muros (saqueada y quemada el 26 de marzo), de los invasores en su labor de vigilancia costera, de recepción de mensajes con Vigo y A Coruña, o como base de presas capturadas en el mar.
Las alarmas de la comarca al mando de Pedro Romero y Manuel Taboada y Cotón (en contacto con Cachamuiña en Vigo y con el ejército del Marqués de la Romana) se enfrentan a los franceses en Corcubión y atacan Camariñas por mar y tierra. Taboada cruza Ponte do Porto con 200 voluntarios camino de la villa. En Ponte do Porto la alarma consigue apresar a un espía, de nacionalidad norteamericana. El puente porteño como paso obligado llegando de Santiago contaba con una vigía permanente. Matan a 64 húsares en Camariñas (escapa uno que dará la noticia en Santiago) y toman dos barcos (una fragata francesa y una presa portuguesa).
En abril llegan regimientos franceses desde Santiago y comienza la represión y castigo a las milicias patrióticas. Arrasan Corcubión y Cee. Y Camariñas, según el testimonio del capitán Nicolás Marcel (Sac de Camarines) del 3º Regimiento de Húsares, a dos meses y medio de su llegada a Santiago. El batallón del comandante Duthoya fue el encargado de la masacre. Sin embargo, el oficial mezcla pasajes de los saqueos a Corcubión y Cee con esta expedición punitiva al puerto de Camariñas, más parecida a los sucesos de Muros. Por mi labor en 2009 en la inspección de los libros parroquiales en todo el concello no hay constancia de una pérdida significativa de vecinos, ni siquiera mención específica a víctimas de la francesada. Tampoco en Muros, solo se citan aquí a dos muertos por herida de bala o apaleamiento, y una genérica «matanza de hombres, mujeres y niños». La única fuente es Marcel. Es muy probable que la mayor parte de los hombres hábiles estuviesen ya integrados en las guerrillas o las cañoneras, por tanto fuera de la villa.

La inexistencia de una junta de defensa y autoridades municipales (como en Muros, con solo un regidor decano, Joaquín Beiro) pudo dejar la justicia en manos del escribano Mourín. En todo caso, la avanzadilla de las alarmas en Camariñas y el ataque por mar con cañoneras locales y marinos ingleses está bien acreditado. También los posteriores saqueos franceses, antes de ser definitivamente expulsados en el verano de nuestra tierra. Requisas que sufrían los barcos de comercio que entraban en nuestros puertos, tanto por los franceses como por las juntas de defensa patrióticas. Curiosamente, a pesar del estado de guerra, seguía habiendo corsarios y piratas en el mar, ocupados en lograr sus beneficios sin atender a la bandera.
Desde Muros o Camariñas naves francesas tomaban presas, pero no eran los únicos peligros del mar para los barcos comerciales. En otra crónica contamos la aventura vivida en abril de 1808 por Josef Olveira, capitán del quechemarín nombrado Nuestra Señora de África, de Muros, fletado por Josef Carbonell, en ruta e Muros a A Coruña y Ferrol, que relata cómo fue tomado en presa por una fragata francesa, llevado a Camariñas sufriendo el robo de los soldados franceses. Saliendo al mar debe evitar un bergantín corsario y entra en Laxe, denunciando el 27 de abril ante un escribano local el acopio en este puerto por parte del comandante en jefe de la gente armada del partido de Corcubión Manuel Taboada y Cotón, que requisa el cargamento para el auxilio de las tropas y paisanos levantados en armas; teniendo que ceder a la fuerza.
Por ello el comerciante se quedó sin su carga, primero robada por el invasor y después requisada por los guerrilleros gallegos, recuperados de los saqueos citados en la Costa da Morte y procurando efectivos para el ejército galaico, víveres, o buscando soldados del esquivo la romana. Sigue el corso, el comercio y la pesca en esta primavera en armas. En 1809 se produce en Camariñas el naufragio del barco de pesca de Ramón de Soto en donde éste vecino pierde la vida. Recogen su cadáver Juan Pondal y su cuñado Juan Menéndez. Aquí aparecen dos apellidos de mareantes locales (Pondal y Menéndez) que junto al escribano Juan Francisco Mourín (apoderado de los señores de Cereixo) son parte importante de la milicia, trabajando unos para la salazón de De la Vega.

La red de mareantes y comerciantes que sostuvieron la resistencia marítima
El comerciante coruñés armó a su costa varias lanchas cañoneras en Camariñas, en donde tendrían participación estos nombres que conocemos por los registros y dueños de embarcaciones de pesca o cabotaje. Entendemos que fue De la Vega quien puso a disposición de Taboada -y por tanto de Cachamuiña y Morillo- sus propias lanchas de pesca o las que para su empresa trabajaban, forneciéndolas de vituallas y armas, de cañones de la actividad corsaria o del mismo castillo local abandonado por los gabachos. Veremos abajo una serie de apellidos destacados en la pesca y el corso en la comarca que en su mayor parte participaron en las alarmas en tierra o en las cañoneras (Lema, Pérez, Alborés, Abreu, Moreno, Soto).
Además, el corsario de Camariñas Ambrosio Alvarez Pardiñas había servido al rey en la Guerra de Independencia de EEUU, estaba casado en Pontevedra y conocía bien aquella ría. Contaba con personal en su rol práctico en la navegación de altura, de cabotaje y en el corso. El uso de 4 cañoneras al mando de Barruti en el asalto francés a Corcubión fue el único recurso efectivo que retrasó el ataque. Parte de estos defensores huyeron a vela a la liberada Vigo tras el incendio de las villas del seno de Corcubión, poniéndose a disposición de las partidas libertadoras. Pudieron servir como ejemplo de actuación en la gloriosa fecha del 7 de junio.
PONTESAMPAIO
Tras los saqueos en las rías de Camariñas, Muros y Corcubión, los franceses se repliegan a Noia y Santiago; la caída de Vigo el 28 de marzo, las constantes golpes de mano de las partidas guerrilleras -con apoyo inglés en el mar- en abril por toda Galicia dividen efectivos y misiones. En esto va a suceder el combate definitivo que expulsa al invasor del Reino de Galicia, la batalla de Ponte Sampaio, en las proximidades de Pontevedra. Por el testimonio de Juana de Vega que damos a conocer sabemos que en ella se batieron valientemente marineros de Camariñas, muchos de ellos expertos en el corso marítimo, en las barcas de su padre.
El 7 de junio los intentos franceses del mariscal Ney de tomar el puente sobre el río Verdugo fueron desbaratados. Al caer la noche en la acción participaron, según las fuentes, tres o cuatro cañoneras remontando el río. Al amanecer los galos reinician el combate atacando a las cañoneras. Con la subida de la marea una cañonera sube río arriba y destruye las baterías enemigas. La noche del 8 al 9 los franceses se retiran. Por lo tanto, la actuación de la flotilla en donde participaban varias lanchas de Camariñas fue relevante.
Camariñas, cabecera de distrito militar
Camariñas era cabecera del distrito militar que abarcaba los actuales municipios de Camariñas, Muxía, Vimianzo y Zas, dotado de un sargento mayor y la guarnición de su castillo. Lucas Labrada en 1804 citaba la importancia de la exportación de congrio y sardinas de Camariñas y Muxía y la de cebollas de «Puente del Puerto» de donde salían cada año hasta 6.000 cabos (restras). Fuente que junto a varios documentos contemporáneos de comercio privado anuncian la celebración de ferias y mercados. «En el fondo de esta Ria desagua el Rio de la Puente vir fluvius, que nace hacia el lugar de Nantón, y trae cerca de seis leguas de curso. Sobre su margen derecha una larga legua antes de introducirse en la mar está el lugar de Puente del Puerto hasta el qual, y aun mas arriba sube la marea. Por allí se extraen un año con otro para varios Puertos de la Costa de cinco a seis mil cabos de cebollas del país» (Labrada).
Tanto la ría como los puertos porteños de Arou y Camelle eran habituales entradas de barcos con mercancía legal o de contrabando, prácticas que continuaron en la primera mitad del siglo pasado. Una etapa de contrabando y actividad corsaria en la que participaron mercaderes locales fue la de 1800 a 1830. En plena Guerra de Independencia, el 8 de agosto de 1810 un barco de Muros descargaba sal en Arou, al parecer de manera fraudulenta, por denuncia del interventor patriótico de la junta de defensa Juan Domenech, pese a contar con dependiente de rentas y medidor, que dan fe de un punto habilitado. Desde 1765 Camariñas cuenta con una dársena, única infraestructura portuaria de la provincia de Santiago. Y desde mediados del siglo con la mayor fortaleza de la comarca, con diez cañones.
En 1795 Bernardo Pérez es vicecónsul inglés. Pataches y pinazas de cabotaje traficaban sobre todo con sardina e hierro, pero igualmente con vino, cereales, madera o cebollas. También se citan queches, bergantines y polacras-goletas. En 1796 Ramón Antonio de Lema es patrón del patache San Luis, que también comanda Joseph Carrera de Lema. Pataches locales son el Nuestra Señora de la Barca en 1800 de Pedro Moreno, el Nuestra Señora del Carmen en 1805 de Francisco Alborés.
El corsario Francisco Abreu tiene la pinaza La Esperanza en 1805. Había destacado desde 1781 al corso con pinazas de dos cañones y dos pedreros, con 30 hombres. Tras ejercer el corso en las mismas fechas, trafica en el comercio indiano Ambrosio Alvarez Pardiñas, que desde 1796 manda la fragata La Esperanza. Se casa en Pontevedra y en Camariñas permanece su hermano Miguel. Otros destacados comerciantes contemporáneos son Domingo de Pazos, Patiño, Romero. Si desde 1805 hay salazón en Camariñas es probable que también en fechas cercanas lo hubiese en la parroquia de San Pedro do Porto, concretamente en Camelle, ya que en 1810 Juan Domenech de Laxe denuncia descargas de sal en otro lugar de la misma feligresía, Arou, como vimos arriba.
El fomentador y mercader Domenech es pionero de la salga en Bergantiños. Los nuevos métodos de salazón fueron introducidos en la zona por Jerónimo de Hijosa, sobre todo desde sus instalaciones en Porto do Son, Ribeira. Sus barcos se aprovisionan habitualmente en las rías de Corcubión o Camariñas, en donde el negociante coruñés que lo sustituye, Juan Menéndez, contaba con parientes, rentas y bienes. La pesca y el cabotaje en Camariñas había gozado de un gran esplendor en la generación anterior: Pedro Menéndez, Melchor Lastres, Mauro Cerviño, J. Canancia, Juan Díaz Porrúa. Al final del siglo XIX seguirá la pujanza pesquera, salazonera, y la presencia de navieros y representantes consulares.

El documento de Laxe (27-4-1809): declaración del capitán Olveira y su valor histórico
Declaración del capitán del quechemarín de Muros Nuestra Señora de África en Laxe, después de que fuera obligado a arribar a Camariñas, y sufriera el asalto de las tropas francesas y posterior embargo de la carga por la gente armada del partido de Corcubión.
«En la villa de Lage a 27 días del mes de abril de 1809, ante mí…pareció presente el que dijo ser y llamarse Josef Olveira, capitán del quechemarín nombrado Nuestra Señora de África, vecino de la villa de Muros y con el Juan Antonio Olveira, Francisco Dubert, y Pablo García, individuos de la tripulación de dicho queche y dijeron: que habiendo cargado en el puerto de Muros se hicieron con vino, pasas e higos para los puertos de La Coruña y Ferrol (…) sobre la altura de la embocadura del puerto de Camariñas les dio caza una fragata que les obligó a entrar en puerto, que se hallaba dominado por la nación francesa, en donde permanecieron (…) durante ese tiempo los soldados de dicha nación tuvieron el arrojo de entrarse abordo y poniéndoles el sable al cuello determinaron disponer del cargamento como cosa propia, bebiendo y robando lo que les pareció, imponiéndoles pena a la vida a todo aquel que diese parte de ellos (…) habiendo salido de dicho puerto de Camariñas para seguir a su destino y protestar en cualesquiera de aquellos puertos, por verse acosados por un bergantín, tuvieron que refugiarse en la rada de esta villa, en donde permanecieron tanto por vientos contrarios como por tener siempre a la vista el citado bergantín (…) hasta el día de hoy, en el que el presente escribano pasó oficio a dicho capitán, con inserción de otro que le había dirigido el señor Comandante en Jefe de la gente armada del partido de Corcubión relativo a asegurar el cargamento para el auxilio de las tropas y paisanos; al cuál sin embargo hoy mismo recibió carta de unos de los fletadores de la embarcación, el señor Josef Carbonell, como se le hiciere responsable, tuvo que ceder a la fuerza, y además de ella al anochecer de ese mismo día acudió este escribano con la siguiente orden: don Manuel Taboada y Cotón (…)».
