«El 11 de enero de 1939, el pesquero vigués Josefita se partía en dos al ser embestido por el vapor Clary Lylle. El suceso se produjo entre Cabo Vilán y Cabo Touriñán.»
El Josefita salió del puerto de Vigo el 10 de enero de 1939, a las 17:30 horas, rumbo a alta mar para dedicarse a la pesca del besugo en los caladeros de Touriñán y Cabo Vilán. A bordo iban doce hombres, todos ellos experimentados, llevando como patrón al conocido armador vigués Jesús Tirurri.
El viaje transcurrió durante horas con normalidad. El mar estaba tranquilo y la noche era oscura, como «boca de lobo», según relataba posteriormente la prensa. Se lanzaron las redes y la pesca fue regular y animadora. Una vez recogidas, el Josefita viró de rumbo, aproando hacia Cabo Vilán.
Después de unas diez horas de faena, la tragedia aguardaba.
Eran aproximadamente las 3:30 de la madrugada del 11 de enero cuando el Josefita se encontraba ya delante de Finisterre. Fue entonces cuando apareció el vapor británico Clary Lylle .
Según relató posteriormente uno de los supervivientes, José López Sotelo Suárez, de 32 años y natural de Cangas, ninguno de los tripulantes se dio cuenta de la aproximación del vapor.
El pesquero fue sacudido de súbito por un golpe violento. El impacto fue tan fuerte que el barco quedó partido por la mitad y se hundió en apenas tres minutos.
El Clary Lylle regresó sobre la zona del siniestro para intentar localizar a posibles supervivientes, pero no consiguió encontrar a ninguno y continuó su rumbo. Lo que desconocía la tripulación del vapor era que tres de los náufragos habían conseguido sobrevivir al hundimiento y permanecían flotando en las frías aguas de Finisterre.
Al cabo de unos minutos, uno de los marineros que habían sobrevivido al naufragio no pudo más y, después de despedirse de sus compañeros, se hundió en el océano.
Los otros dos continuaron luchando contra el mar. Según el relato de Sotelo Suárez, durante aquellas horas pasaron cerca de ellos cuatro vapores, tres de carga y un pesquero. Los supervivientes les gritaban pidiendo auxilio, pero sus voces se perdían en el mar sin fin.
Ninguno de aquellos barcos consiguió verlos.
Finalmente, el segundo superviviente tampoco pudo resistir y acabó desapareciendo bajo las aguas.
Solo quedaba con vida José López Sotelo Suárez.

TRES HORAS DE TERRIBLE LUCHA CON EL MAR
Sotelo Suárez permaneció durante aproximadamente tres horas a merced de las olas, luchando contra el frío, el cansancio y el mar.
El propio superviviente relató posteriormente aquellos momentos:
—Después… solo Dios sabe lo que fue nuestra lucha con el mar. ¡Y fueron tres horas, sabe, señor! ¡Tres horas, tres eternidades…! ¡Ni sé cómo pudimos resistir!
Los tres habían intentado mantenerse unidos durante aquellas horas. El más nuevo —según su propio relato— rezaba y gritaba, mientras el agua helada les llegaba hasta los huesos. Finalmente, uno de sus compañeros sintió que ya no podía más, se despidió y desapareció.
Sotelo continuó luchando hasta que, completamente agotado, apenas podía mantenerse a flote.
Fue entonces cuando divisó a lo lejos la silueta de una embarcación.
Era el vapor Hero , de matrícula de Bremen, que realizaba la ruta entre Amberes y la barra del Duero, con carga diversa.
Pero antes de ser rescatado, Sotelo consiguió distinguir desde el agua las luces de tierra. Ya tenía a la vista los faros de Vilán y Touriñán.
Esta referencia resulta de gran importancia para intentar localizar actualmente el lugar del naufragio. Sabemos además que el siniestro se produjo aproximadamente a diez millas de Cabo Vilán.
¡Fue Dios quien me salvó!
Por estas referencias, todo apunta a que el naufragio pudo producirse al suroeste de Cabo Vilán, en dirección a Cabo Touriñán y frente a la costa de Muxía, aunque la posición exacta todavía no puede darse por confirmada.
El viento llevó la voz de Sotelo hasta el Hero. El superviviente consiguió llamar la atención de la tripulación y finalmente fue rescatado.
—¡Fue Dios quien me salvó! —afirmaría posteriormente Sotelo Suárez.
El capitán del Hero, E. Mayer, y los tripulantes del vapor trataron cariñosamente al náufrago. Le dieron ropa y se interesaron por su estado después de las terribles horas que había pasado en el mar.
El Hero continuó su viaje y José López Sotelo Suárez fue desembarcado en Oporto cerca del mediodía del día 12. Posteriormente fue acompañado por un agente de la Policía Internacional y por el Consulado de España para facilitar su repatriación.
Finalmente pudo regresar a Vigo y volver junto a su familia en Cangas.
Cuando el capitán Mayer se interesó por su familia, Sotelo explicó que tenía seis hijos, todos pequeños.
La tragedia del Josefita dejaba así un balance de once muertos y un único superviviente.
La tripulación del Josefita
La tripulación del Josefita estaba formada por doce hombres. Entre los tripulantes que hemos podido documentar se encuentran:
Patrón: Jesús Tirurri.
Maquinista: José María Martínez Collazo, de Marín.
Fogonero: Ramón Guisande Brun, de Meira.
Marineros: José Martínez Casas, de Meira; Ramón Aba Vales, de Vigo; Antonio Amil Crespo, de Marín; José González García, de Marín; Leonardo Rosales Amil, de Marín; Adolfo G. Graña Rodas, de Cangas; y Manuel Soto Veiga, de Aldán.
Casi todos ellos estaban casados y tenían hijos.
Once hombres perdieron la vida aquella madrugada de enero de 1939, mientras que José López Sotelo Suárez consiguió sobrevivir después de pasar tres horas luchando contra el mar.
El Josefita desapareció para siempre bajo las aguas, pero el relato de su único superviviente nos permite hoy reconstruir aquellas terribles horas y aproximarnos a la zona donde tuvo lugar uno de los naufragios más trágicos ocurridos frente a las costas de Muxía y Camariñas.
FUENTES: El Pueblo Gallego,el Compostelano,Western Morning News,Dayli Record,Hull Daily Mail,Liverpool Journal off Commerce.
