lunes, agosto 15, 2022
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El ataque en Corcubión a las tres naos de Redul Formael en 1547

Contamos con un pleito visto el 29-10-1547 ante el gobernador del Reino de Galicia, que se conserva en el Archivo de la Real Chancillería de Valladolid, Registro de Ejecutorias (código ES.47186. Arch.//Registro de Ejecutorias, caja 651,41) cuya noticia me fue dada por el ceense Modesto Trillo y pude desarrollar. Nos aporta una valiosa información histórica sobre la navegación en nuestras rías. Hablo del ataque con un barco armado y de forma violenta de vecinos de la Costa da Morte a tres naos francesas en el Seno de Corcubión que se debe ubicar en un contexto bélico y de litigios por las cargas de cereales en épocas de gran carencia en la costa compostelana y gallega.

Del mismo modo la existencia de un trincado armado y de alarmas vecinales hablan de un siglo de largos conflictos enquistados y movimientos de defensa contra los enemigos que en esta zona siempre venían por mar y causaban grandes daños. Un sistema de alertas costeras que también fijaban los nobles y el rey contra buques de guerra y piratas, distribuyendo en partidos los efectivos y demandando hombres a los concellos. Pero por mar no sólo llegaba el peligro, asimismo entraban los necesarios suministros (sal, vino, hierro, trigo) de unas villas faltas de unos mercados locales de entidad donde surtirse.

Pleito en Muros, Corcubión y Cee

El documento en cuestión se trata de la «ejecutoria del pleito litigado por Redul Formael, francés, con los concejos de Muros, Corcubión y Cee (A Coruña) sobre haberse conjuntado varios vecinos para capturar por la fuerza 3 navíos que viajaban de Bretaña a Lisboa (Portugal)». No se apunta el nombre del escribano pero en el análisis del documento original percibo la firma del licenciado Cevallos.

Vecinos de estos tres puertos detienen tres naves francesas y les alijan la carga. Una acción que debemos poner en su contexto. Hasta septiembre de 1544 Carlos I y Francisco I están en guerra, algo frecuente en sus reinados. Será una corta tregua. En 1547 el emperador seguía en su lucha en Alemania contra los luteranos. Por ello nuestras costas sufrían el ataque de barcos de guerra franceses, y de corsarios.

Pese a la corta y falsa paz con Francia el año de los hechos los piratas hugonotes (protestantes franceses) seguirán siendo una lacra durante todo el siglo, y crecen con la alianza con los luteranos del nuevo rey francés Enrique II (en 1547 muere Francisco I). La política de tasas castellana al cereal (para costear las batallas del emperador), el freno a las importaciones de trigo foráneo marcan años de carestía y escasez en Galicia, por ello, además del contrabando, son muchos los casos de acopio, (por las buenas o las malas) de cargas de trigo con destino a otros puertos que entran en nuestras rías.

La escasez de cereales (trigo, centeno, mijo) en la costa gallega fue una constante en los siglos XVI-XVIII; aunque la ría de Camariñas por ejemplo era exportadora gracias a las ventas de los monasterios de Moraime y Ozón. O el conde de Altamira usaba Corcubión para depósito de sus rentas en Soneira, Bergantiños (el gran granero compostelano) molidos en sus aceñas de Vimianzo. En todo caso eran comercios privados, de nobles y frailes. El mercado del pueblo hasta la llegada de los nuevos granos americanos (maíz) en el XVII fue deficiente. Los concellos siempre se vieron necesitados de recurrir a los barcos procedentes de Andalucía, Francia, Inglaterra o Alemania.

La necesidad en la actual costa coruñesa se hizo extrema en los años 1528-30 y 1539-1541, como confirma Xosé Ramón Barreiro (Historia de la ciudad de La Coruña. BG, 1996). Los regidores municipales estaban facultados a obligar a las naves que entraban en una ciudad como A Coruña a dejar la mitad para el consumo local, por ello sabemos de barcos que a veces intentaban evitar estas escalas, entrando en la Costa da Morte.

Ya he comentado el caso del alemán Ungerat Hebert que descarga en Camariñas en 1586, y será denunciado por el Concejo coruñés. En el año 1586 el concejo coruñés inicia un pleito contra el maestre de un barco alemán, llamado Ungerat Hebert, porque transportando centeno para esta ciudad «donde es muy notorio la falta de pan» lo descargó en Camariñas. (ARG, Legajo 22.794/17)

En 1538 los regidores coruñeses van a Ferrol para conseguir el trigo de dos naos inglesas que habían llegado a aquel puerto. En el mismo año otra nave inglesa fue obligada a descargar la mitad en la ciudad. En 1528 el Concejo obligó al francés Juan Martín de Cruy a alijar la mitad de su cargamento. Un caso similar sucede en 1564. En el año 1530 desembarcan en el puerto coruñés 60 barriles de harina procedentes de La Rochela. En 1531 Perianes Partage, maestro de naves francés, tiene que responder ante el Concejo coruñés por cargas de trigo y mijo que había embarcado para Portugal. En 1549, Pierre de Francaville, solicita al Concejo licencia para vender trigo y centeno en el mismo barco.

Aunque el pleito ceense que ahora revisamos se libra en octubre de 1547, el maestre francés (navarro de la Baja Navarra del Reino de Francia) perjudicado indica que los sucesos tuvieron lugar «a diez días de mayo del año pasado» (1546) cuando vecinos de «San Pedro de Muros e Cea e Corcubión» detuvieron tres navíos que habían cargado trigo en Bretaña para ser vendido en Lisboa, donde la falta era mucha y el precio bueno.

En otras líneas del documento de 24 hojas leemos que se trata de «tres naos», de un convoy al mando del capitán Formael, con 23 fanegas de cereal. Los vecinos detienen las naos, que supongo entrarían a fondear al abrigo del Seno Marítimo de Corcubión, usando un «trincado artillado» y a la fuerza llevaron a tierra las naves, descargando en Ameixenda, usando allí carros para el alijo. Los vecinos hablan de encontrarse en «guerra», y de una «baga en la dicha tierra» por la falta de pan.

En su declaración el patrón francés indica que estuvo seis meses y medio sin poder trabajar, quedando sin mercancía para el comercio y trueque, por lo que el 4 de enero presenta la primera queja, y siguen las indagaciones de la justicia el 18 de febrero. Estos barcos, que unían los puertos nórdicos con el Mediterráneo, solían ir con una carga en la ida y tomar otra en el destino para vender a la vuelta y compensar el penoso y peligroso viaje.

El francés reclama unos daños de 300 ducados, citando además por el gasto de comidas de sus 34 hombres, lamentándose por la falta ahora de brazos para cubrir las bajas (entendemos que parte del rol marchó) y la imposibilidad de buscar marinos. Algunos de sus hombres fueron reclutados en Bayona y puertos ingleses.

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