domingo, junio 23, 2024
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Dossier Benlloch: piratas ingleses roban una zabra cántabra en Muxía en 1572

José Enrique Benlloch lleva años realizando un encomiable labor de rescate de documentos de nuestra historia y hoy traemos uno de sus últimos trabajos, una nueva pieza de singular valor para la crónica marítima histórica de la Costa da Morte.

La ría de Camariñas durante la Edad Media fue tránsito de mercantes que siguieron visitándonos en el Siglo de Oro. Muchos casos tenemos documentados, y ahora traemos un suceso que dio pie a una crónica corsaria, un naufragio y un pleito. Una vez más se acredita la importancia de la ría en el tráfico marítimo del Antiguo Régimen.

En el artículo «Ataque de piratas ingleses en Muxía (1572)» publicado en Nalgures (tomo XXI, año 2023) José Enrique Benlloch del Río y José Enrique Benlloch Castiñeira dan cuenta de dos navíos con tripulación inglesa que en diciembre de 1572 arremeten contra unos comerciantes procedentes de Pontevedra cuyos barcos están resguardados en el abra de Muxía.

Roban una zabra, pero un corsario naufraga y sus hombres son presos en Camariñas abriéndose una causa judicial. Un pleito transcrito por los autores para gozo de los amantes de las historias del mar.

Mercancía: vino Ribeiro y sardinas

Es el caso de un famoso mercader de Pontevedra, Juan de Soto (se cita también como Sotomayor), que comerciaba con vinos y pescado. El 10 de diciembre de 1572 envía caldos del Ribeiro y sardina arencada a Laredo o Bilbao en la zabra de un «vizcaíno», Juan de Guriezo (se cita Burieso o Gorieço) de la villa cántabra de Castro Urdiales, que sufre un asalto en aguas de Muxía por parte de dos naves de piratas ingleses, una liderada por Tomás Banquis y Gullen Biban.

Llevaba en la zabra Santa María mercancías comisadas a Cristóbal de Soto, de Bilbao, sobrino de Juan de Soto (vino y pescado). Como vemos, esta acreditada marca comercial contaba con factores familiares establecidos en Vizcaya. Las mercancías son de Juan de Soto (honze botas de bino de Ribadabia de tres moyos cada una e una bota de sardinas del mesmo porto), de Juan Rodríguez (seys botas de sardinas del mismo porto); y Juan Frote (Feote o Fostre) «otras seis botas de bino».

Asaltados en Muxía

En el abra de Muxía sobre el día 25 de diciembre de 1572 se encuentran con dos barcos corsarios ingleses (naus). Una nao los asalta y roba el vino, dejando el pescado. Vemos de nuevo como Muxía es escala habitual de los barcos de Soto y otros mercaderes en esta ruta cántabra.

Dice Soto «y, siguiendo el dicho maestro su camino, hestando surto en el puerto de Muxía, los susodichos, siendo como son ladrones, cosáreos de la mar, enemigos de su Magestad, entraron en el dicho puerto y robaron todo los dichos vinos, y dexaron el nabío con la sardina». Salen de la ría los piratas en dos naves y persiguen una posible presa, «a otro navío que venía de Andaluzía y, acoxiéndose el dicho nabío al puerto de Camarinas, entraron tras él y allí los adversos dieron en tierra con una de sus nabes en la qual venían tres pipas, la una, llena y las dos, baçías, que heran de la marca del dicho Juan de Soto e la otra del dicho Juan Rodríguez y el dicho robo hizieron de valor beinte y çinco o treinta ducados, poco más o menos». El asalto esta vez es abortado, uno de los ingleses se retira a alta mar pero el otro en las maniobras de ataque a la nueva presa da en la costa de Camariñas en medio de un temporal.

Los vecinos de Muxía apresan a los piratas

Entonces, los vecinos de la villa caen sobre los piratas y los apresan, tomándoles una pipa de vino llena y otras dos vacías, que llevan las marcas de los mercaderes pontevedreses.

Los ingleses son llevados a la Real Audiencia y a la Cárcel Real de A Coruña. Se materializa la querella por parte de los robados un año más tarde, en A Coruña, el 27 de enero de 1573, estando en audiencia pública los señores regente y oidores de la Real Audiencia de Galicia. Pedro Conde ejerce de procurador de Juan de Soto.

Las pesquisas del caso fueron reproducidas por Benlloch del Río y Benlloch Castiñeira y de las distintas versiones extraemos los datos que ayudan a perfilar el caso. Conde presentará la querella ante el regente justo una semana más tarde. Juan de Soto es acompañado una semana antes de la presentación a Santiago por el notario público de la villa de Muxía para proceder al caso.

Ante el alcalde de la ciudad y el licenciado Gutiérrez, el empresario otorga este poder a los procuradores León, Conde y Gato. La figura central en la recogida de testimonios, Gregorio López, escribano real y receptor de la Real Audiencia, ejercerá con celo de conductor de las pesquisas.

Explica Benlloch del Río que los representantes jurídicos se van a mover alrededor de cuatro lugares: Pontevedra, Muxía, Santiago y A Coruña. En este año la Audiencia está en la ciudad herculina. Y la Cárcel Real. En el juicio quedará demostrado el robo y al parecer los piratas son condenados a galeras. Pero el proceso cumple con las garantías legales que ya quisiéramos ver en otras ocasiones en otros países. Pese a la gran actividad corsaria y pirática, se ve aquí el deseo oficial de proteger el comercio marítimo, vital para el suministro de la costa gallega, en la labor de diferenciar verdaderos mercaderes de ladrones del mar, aunque sean de bandera enemiga.

Declaración a los piratas presos

Gregorio López empieza a tomar declaración en la cárcel a los ingleses, y a testigos como el curador de presos Rodrigo López y su criado Baltasar de Faranderos, a Domingo Álvarez de Lugo y varios presos (Testigos presentes: Juan Osorio, Diego Yanes e Ares Fernandes de Rubín e Baltasar Gomes, presos en la dicha cárçel). Conocemos la lista de nombres de los corsarios, que son doce.

De los ingleses el único que habla castellano y contesta es Tomás Banquis, al que llaman «lengoatero» (traductor): «cité en pública persona a Tomás Banquis, lengoatero, y Juan Acoste, Guillen Byban, Guillermo Ledineche, Guillermo Gatos, Juan Larenose, Juan Guyllemes Pertolandre, Rui Charse Oen, Richar Legues, Gullermes Foçe, Tomás Eston, Nicolás Dabre; yngleses presos para la dicha ynformación y, si la quisieren dar de lo contrario, se la reszibiré; los quales no respondieron cosa alguna por yntérprete ni de otra manera sino el dicho lenguatero, que dixo que lo oía».

Testimonios

Se buscó testimonio de los toneleros que armaron las pipas y conocían las marcas de las mismas y de los mercaderes, también comerciantes y estibadores que cargaron la mercancía. Entre los testigos, los toneleros de Pontevedra Domingo Nobo, Gaspar Fernandes, Pedro de Montes, Rodrigo, Tomé Francisco. «Francisco de la Huerta, mercader, vezino de la villa de Bilbao, e Alonso Rodríguez, tonelero, vezino de la villa de Pontevedra». «Gregorio Nobo, estudiante vezino de Pontebedra. Juan de Villar, criado de Alonso de Bamonde, tonelero, e Juan Sánchez Díaz, vezino de Pontebedra, …y Sebastián García, tonelero, vezino de la dicha villa, Juan López, tonelero, vezino de la dicha villa y a Tomás de Mendieta, vecino de la villa de Bilbao…Juan Domingo Nobo, tonelero, vecino de la dicha villa e Gregorio Nobo, vecino del coto de Sobrado».

El origen del vino no consta en la querella pero sí en el contrato de transporte. El testimonio de Nobo refrenda que era vino blanco y de Ribadavia pero no coincide en la cantidad porque dice que eran tres botas y no seis. Nobo oyó que una se les cae al mar durante el robo, por lo que se habrían quedado los piratas con 22. Una pipa pontevedresa tenía 497 litros.

El bilbaíno Mendieta confirma que el barco corsario tras el robo se había ido a la costa de Camariñas a causa del temporal, además indica el vasco que estaba liando congrio en Muxía, un dato importante que acredita la antigüedad y valor de sus famosos secaderos. Pedro de Amurrieta es otro conocido mercader vasco que figura negociando en la villa, refugio de convoyes y asiento de negociantes foráneos. Veremos en el pleito que no sólo hay piratas en el mar sino también en tierra, en este caso ladrones de quiebras que el mar lleva a la costa.

Y uno es nada menos que el responsable de impartir justicia en Muxia, un cargo importante y bien conocido en la zona. Que actúa ilegalmente, pues la legislación de la época protege barcos y cargas, también los bienes mostrencos que llegan del mar.

TONELERO DOMINGOS NOBO

Domingos Nobo, tonelero de 40 años, aporta un testimonio más completo y es sin duda un testigo principal, persona que sabe escribir y con reputación entre su gremio y el de los mercaderes del Teucro. Dice conocer bien tanto a los tres afectados por el robo como sus marcas comerciales, «esto lo sabe e los conosçe ser las mesmas marcas que los sobredichos acostunbran y se açen poner en todas las botas que cargan para sobremar».

Es testigo de la carga y partida de la zabra, «puede aver dos meses poco más o menos en ese tienpo que bio este testigo que los dichos Juan de Soto e Juan Rodríguez e Juan Feote en una çebra de un Juan de Gorieço, vezcaíno vezino de la villa de Castro dehordiales» cargaron las partidas, y tras zarpar la Santa María de Pontevedra y producirse el asalto en Muxía, viaja a esta última villa y también a Camariñas. Por su testimonio y su labor inquisidora sabemos que la zabra iba en conserva, convoyada con otros navíos que por los corsarios o el temporal entraban a refugiarse en la ría o hacían escala regular.

Confirma que enseguida llega la noticia del asalto a Pontevedra: «Y demás desto vio el dicho testigo que, al tiempo que se fue la dicha çebra su biaje con otros amigos nabíos, luego se dixo que unos yngleses armados que después fueron tomados en el puerto de Camariñas, que andaban cosarios por la mar, robaron la dicha çebra del dicho Gorieço en el puerto de Mugía, en el qual iban las dichas botas de vino de Ribadabia y sardina».

Viaje a Muxía y Camariñas

Tras saber la noticia viaja a Muxía y Camariñas. Es testigo al poco de pasar el suceso de restos materiales del botín y los describe, también del dudoso comportamiento del juez de Muxía y de la huída de parte de los piratas. Llegando a Muxía, le avisan de la existencia de parte de la mercancía en Camariñas y allí se dirige. Un rápido viaje en cualquier embarcación local: «este testigo fue a la dicha villa de Mogía para saber de otro nabío en que abía cargados çiertos vinos e bio en como en el dicho puerto de Camariñas estaba Diego de Ribera, alguazil mayor deste reino, aberiguando los robos de los dichos armados y los tenía presos».

«Y este testigo fue a un lugar que está junto del dicho puerto de Camariñas, en el qual bio que estaban algunas cosas que abían tomado a los dichos yngleses al tienpo de su prisión, entre los quales bio que estaban quatro botas de los dichos Juan de Soto y consortes», pipas que reconoce por sus marcas. Leemos que el justicia Diego de Ribera lleva a un lugar cerca de Camariñas a presos y cuatro pipas de la carga robada, de ellas solo una llena.

Revisa Nobo el material e incluso reconoce que un tonel fue elaborado por él, «E bio que la una de las dos del dicho Juan Rodríguez era hecha en casa deste testigo y la conosçe por una marca de fuego que le puso al tiempo que la hizo, que es una X redonda».

Podía ser este lugar cercano a la villa la torre de Cereixo, en donde el merino del estado de Altamira tenía cárcel y despensa. O la casa noble de los Vázquez da Costa en Buría. A estas alturas (dos meses después del suceso), los presos ya habían sido conducidos a A Coruña. Como un perspicaz detective, Nobo presta atención a los detalles y arriesgando el físico busca información de primera mano. Recibirá amenazas de cárcel por denunciar una arbitrariedad. En Camariñas puede entrar en el navío robado pero no en el corso inglés, lo que vuelve a indicar su destrucción por haber naufragado en la costa.

No se entiende que los piratas entren de buenas en este puerto tras un robo tan cercano. Entra en la zabra vizcaína, y hace recuento del estado de la carga, «y entró en la dicha çebra robada y bio que en ella estaba mucha de la sardina derramada por ella y perdida y vino de las botas del dicho Juan Rodríguez, el dicho vino y con la dicha marca estaban ronpidas con çinco o seis agujeros de barreno y baçías, que no tenían sino hasta treynta açunbres de vino y no se bebía del por causa que se temían que los dichos cosarios hecharan alguna mala cosa en él».

Persecución corsaria

Retorna a Muxía y es testigo ocular desde la punta de la Barca de una persecución corsaria a otra zabra cántabra, con matrícula del cabo de Quejo (Arnuero), según le indicaron en el lugar, lo que una vez más denota el conocimiento que tenían de los muchos navíos que usaban la ría. Describe el acoso de dos corsarios ingleses, que no logran capturarla, la marcha de uno de los corsarios y la entrada de otro en Camariñas: » estando este testigo junto a la ermita de Nuestra Señora de la Barca del puerto de Mugía, y con otras muchas personas y vecinos del dicho puerto, bio que los dichos cosarios con dos navíos que tenían, benían de hazia el cabo de Finisterra, en seguimiento de un nabío de la Andaluçía, que después oyó dezir era del puerto de Quexo».

No todos los testigos mantienen una linea verosimil, y a veces encontramos contradicciones. En este caso, Nobo pudo ser testigo de otro ataque pirata distinto al anterior, pues cuando él llegó a Muxía el hecho que estamos relatando en esta crónica ya había sucedido. O se hace eco de una versión vecinal que él no observó. En estos años tengo documentado bastantes casos de corso, y ya vimos que algunos piratas seguían por la zona en estos días.

Domingos Nobo no pierde el tiempo en su estancia en nuestra ría, y al enterarse de la presencia de quiebras que pudieron ser llevadas por personas de Muxía y Camariñas sigue indagando, descubriendo que una pipa había sido recuperada en tierra y guardada por el juez de Muxía, «y oyó dezir por público a muchos vecinos de la villa de Mugía que, al tienpo que los dichos cosarios fondeaban y sacaban lo que estaba en la dicha çebra del dicho Juan de Gorieço, les abía caído en la mar una bota de vino de las de los dichos Juan de Soto y consortes y abía salido en tierra y la sacaran los onbres vecinos del dicho lugar que no supo sus nonbres y que la abía tomado después Sancho López Leis, juez de la villa de Mugía».

Uno de los informantes de Nobo fue el vasco Amurrieta, aunque él no lo cita, por temor a represalias. Leis, cargo y mercader de una familia hidalga y con tierras, toma para sí una de las pipas y vende el vino públicamente con el mayor descaro en una especie de fonda que también regenta.

Varios testigos confirman este proceder ilícito. En fecha 14-03-1567, se dio en Madrid por el rey Felipe II la Nueva recopilación de las leyes de estos reinos, bajo su epígrafe «Prohibición de exigir en los puertos de estos reynos precio alguno de los navíos que naufragaron». Los amigos de la leyenda negra de los raqueros y del derecho de señorío una vez más reciben unas orejas de burro.

Nobo fue a casa de Sancho López de Leis, merino de Ozón y capitán de la costa de Mugía (a éste último efecto nombrado por el regente de Galicia precisamente en 1572) «para reconoscer la dicha bota, si era de los sobredichos, y el dicho Sancho López de Leis no la quiso mostrar a este testigo y los hechó fuera diziendo que le llebará a la cárcel y así bio que se quedó con la dicha bota de vino derribada y de allí çiertos dineros. Vio que dicho Sancho López juez suso dicho bendía e bendió dicho vino a preçio de real cada açunbre, dice este testigo, así se lo conpraban. E bio comprar y todabía este testigo reconosçer la dicha bota: fue un día a la bodega del dicho Sancho López, no estando él en ella, y bio la dicha bota y la conosçió con la dicha marca, ser del dicho Juan de Soto».

Aparecen varios mercaderes vascos de testigos. Mendieta declara en Pontevedra. Estuvo en Muxía, a donde lo llevó su actividad como comerciante de congrio; y se hallaba atando los fardos de congrio con lías. No presenció el asalto, aunque sí la Santa María fondeada en el puerto. A pesar de que no aporta información de primera mano, comenta un detalle relevante: que los ingleses acaban en el puerto de Camariñas por causa del temporal (salido con fortuna) y así los arrestan «y lo que más sabe de lo susodicho es de aver un mes e medio poco más o menos tienpo que este testigo se alló en el puerto de Mugía liando çierto congrio que abía conprado en el dicho puerto para cargar para la villa de Bilbao. Y en este tiempo bio que estaba surto en el dicho puerto un nabío bezcayno del que era maeso Juan de Gorieço, vezino de Castro de Hurdiales, y estaba robado de yngleses según que era notorio, pero este testigo no conosce los dichos yngleses ni los bio más de que se dezía que abían salido con fortuna en el puerto de Camariñas. Y que allí los abían presos y llebado a la Real Audiencia deste Reyno».

Tomás de Mendieta, «vezino de la villa de Bilbao» vio a Soto y a Nobo en Muxía en pos de las botas; llegaban de Camariñas, donde sitúa el navío apresado a los ingleses. Indica que ambos se dirigieron al juez de Muxía a propósito del tonel apropiado. Además afirma que otro bilbaíno, Amurrieta, antes de que los dos pontevedreses arribaran, ya había investigado por su cuenta dicho tonel, concluyendo que efectivamente pertenecía a Soto, «estando en el dicho puerto bio que luego allí el dicho Juan de Soto y Domingo Nobo, vezinos de Pontebedra que dezían benían del dicho puerto de Camariñas de ver el nabío de los dichos yngleses, que estaban en la costa para ver si acerca algunas votas de sus marcas».

Prosigue: «Y los bio ir en casa de Sancho López de Leis, juez e capitán que se dize ser de la villa de Mugía para saber si éste tenía en su poder unas votas de vino, que este dixo tenía en su poder, de Juan de Soto vecino de Pontebedra, porque antes que los dichos Juan de Soto y Domingo Nobo llegasen al dicho puerto, le abía dicho Pedro de Amurrieta, mercader vezino de Bilbao, que biera en casa del dicho Sancho López de Leis una bota de vino de Ribadabia que tenía la marca del dicho Juan de Soto y la conosçiera ser suya».

Otro deponente vasco testifica en Pontevedra, Francisco de la Huerta, mercader, vecino de la villa de Bilbao, La declaración de este comerciante, que conoce a los tres mercaderes, tiene peso porque estuvo en Muxía siendo testigo ocular tanto del robo como de la posterior llegada de Soto en pos de su mercancía robada. Además refrenda la apropiación del juez de Muxía y que éste impidió que el pontevedrés comprobase si el tonel que tenía en su poder el primero era del segundo.

DECLARACIÓN DE DOMINGOS NOBO

El dicho Domingos Nobo, tonelero, vezino de la villa de Pontebe

dra, presentado por testigo del dicho Juan de Soto e Juan Rodrí-

guez e Juan Feote, para su informaçión del robo de las botas que

le robaron los dichos Tomás Banquis e Guillermo Biban, yngleses

presos en la cárçel real deste reyno, abiendo jurado en forma de

derecho e siendo preguntado por mí, escribano e reçeptor, e a

tenor de la probisión y querella en ella inserta después de le ser

leyda, dixo: que conoçe muy bien a los dicho Juan de Soto e Juan

Rodríguez e Juan Feote, partes querellantes, y no conosçe a los

dicho yngleses más de tener como tiene notiçias que reflete a los

dicho querellantes contenidos en la dicha provisión. E, respon

diendo a lo demás en la dicha querella e probisión, dixo: que lo

que dello sabe es que puede aver dos meses poco más o menos

en ese tienpo que bio este testigo que los dichos Juan de Soto e

Juan Rodríguez e Juan Feote en una çebra de un Juan de Gorieço,

vezcaíno vezino de la villa de Castro dehordiales, e cargaron el

dicho Juan Rodríguez seis botas de bino blanco e Juan de Soto

honce botas del mismo vino e un fuste de

sardina de humo e Juan Feote tres botas del dicho vino blanco de

Ribadabia. Todo el dicho vino, e lo más que cargaron en la villa

de Pontebedra en poder de Juan de Giruesso61, para lo llebar a la

villa de Bilbao. Las dichas botas dixo el testigo que yban marcadas

de tres maneras, siéndoles diferentes unas de otras, que no sabe

el nonbre de las dichas marcas, más de que sobre que las dichas

marcas son las tres contenidas y marcadas en el conosçimiento62

que el dicho Juan de Gorieço dio firmado de su nonbre a los di-

chos Juan de Soto e consortes, que le fue mostrado con las dichas

marcas, para mí, escribano, que parece están las firmas del dicho

Juan de Gorieço, que su fecha a diez días de dizienbre

y que las dichas marcas, sabe que la de arriba es de Juan de Soto

y la del medio de Juan Rodríguez y la de abaxo es del dicho Juan

Feote e esto lo sabe e los conosçe ser las mesmas marcas que los

sobredichos acostunbran y se açen poner en todas las botas que

cargan para sobremar.

Y demás desto vio el dicho testigo que, al tiempo que se fue la

dicha çebra su biaje con otros amigos nabíos, luego se dixo que

unos yngleses armados que después fueron tomados en el puerto

de Camariñas, que andaban cosarios por la mar, robaron la dicha

çebra del dicho Gorieço63 en el puerto de

Mugía, en el qual iban las dichas botas de vino de Ribadabia y sar

dina. Y ellos, los sobredichos y que todo abían tomado y robado, y

después que se dixo y fue [roto] que se hiziera el dicho robo, este

testigo fue a la dicha villa de Mogía para saber de otro nabío en

que abía cargados çiertos vinos e bio en como en el dicho puerto

de Camariñas estaba Diego de Ribera, alguazil mayor deste reino,

aberiguando los robos de los dichos armados y los tenía presos.

Y este testigo fue a un lugar que está junto del dicho puerto de

Camariñas, en el qual bio que estaban algunas cosas que abían

tomado a los dichos yngleses al tienpo de su prisión, entre los

quales bio que estaban quatro botas de los dichos Juan de Soto y

consortes y las mesmas que este testigo bio cargar en la dicha villa

de Pontebedra con las dichas marcas que dicho tiene. Y conosçió

que las dos eran de la marca del dicho Juan Rodríguez y la otra

de Juan de Soto y la una de las de Juan Rodríguez llena de vino y

las otras baçías y la otra, como estaba baçía y metida en escuro,

no supo cuya era ni qué marca tenía, más de ver que tanbién era

dellas y hecha en la dicha villa de Pontebedra. E bio que la una de

las dos del dicho Juan Rodríguez era hecha en casa deste testigo

y la conosçe / Fº 22

por una marca de fuego que le puso al tienpo que la hizo, que es

una X redonda.

Ansimesmo fue este testigo y entró en la dicha çebra robada y bio

que en ella estaba mucha de la sardina derramada por ella y per

dida y vino de las botas del dicho Juan Rodríguez, el dicho vino

y con la dicha marca estaban ronpidas con çinco o seis agujeros

de barreno y baçías, que no tenían sino hasta treynta açunbres

de vino y no se bebía del por causa que se temían que los dichos

cosarios hecharan alguna mala cosa en él. E dixo el dicho testigo

que ansí es de aver pasado e bisto lo que dicho tiene, estando este

testigo junto a la ermita de Nuestra Señora de la Barca del puerto

de Mugía, y con otras muchas personas y vecinos del dicho puer

to, bio que los dichos cosarios con dos navíos que tenían, benían

de hazia el cabo de Finisterra, en seguimiento de un nabío de la

Andaluçía, que después oyó dezir era del puerto de Quexo, pero

no se acuerda quién era el dueño del, e le seguieron hasta el dicho

puerto de Camariñas pero no le pudieron aver porque, dize este

testigo, que por poco le cogieran y que milagrosamente se escapó

de los dichos cosarios. Y esto es lo que sabe. Y después bio que

una de las dichas naves de cosarios se salió de la dicha ría y se

fue. /

Y quedó la en que tomaron los dichos yngleses, que aora están

presos en la dicha Real Audiençia. Preguntado si sabe qué perso

nas del dicho puerto de Mugía y Camarinas an tomado y llebado

muchas cosas e vienes de la dicha çebra robada y qué vienes son,

dixo el dicho testigo que dello no sabe más de que después que se

hizo dicho robo oyó dezir por público a muchos vecinos de la villa

de Mugía que, al tienpo que los dichos cosarios fondeaban y sa

caban lo que estaba en la dicha çebra del dicho Juan de Gorieço,

les abía caído en la mar una bota de vino de las de los dichos Juan

de Soto y consortes y abía salido en tierra y la sacaran los onbres

vecinos del dicho lugar que no supo sus nonbres y que la abía

tomado después Sancho López Leis, juez de la villa de Mugía, y

este testigo como tenía notiçias del robo que se hiziera a los dichos

Juan de Soto y consortes, fue en casa del dicho Sancho López de

Leis para reconoscer la dicha bota, si era de los sobredichos, y el

dicho Sancho López de Leis no la quiso mostrar a este testigo y

los hechó fuera diziendo que le llebará a la cárcel y así bio que se

quedó con la dicha bota de vino derribada

y de allí çiertos dineros. Vio que dicho Sancho López juez suso

dicho bendía e bendió dicho vino a preçio de real cada açunbre,

dice este testigo, así se lo conpraban. E bio comprar y todabía

este testigo reconosçer la dicha bota: fue un día a la bodega del

dicho Sancho López, no estando él en ella, y bio la dicha bota y

la conosçió con la dicha marca, ser del dicho Juan de Soto, y esto

es lo que sabe. Preguntado por todo lo demás contenido en la

dicha querella e probisión, dixo que es todo, lo que más no sabe

y se refiere y es verdad, so cargo de su juramento, e dixo ser de

hedad de quarenta [40] años poco más o menos […] e lo firmó de

su nonbre. Domingos Nobo.

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