Rafael Lema y Carlos San Claudio. «Os Homes do Ferro». Episodio 10.
Mucho se escribió del Pobre Mangouras, pero pocos vieron y supieron el sufrimiento de los otros capitanes de la historia del Prestige (2002).
Me acuerdo especialmente de uno al que se le atacó incluso físicamente. Yo mismo tuve que intervenir ante una tropa de energúmenos (alguno con camiseta de «Nunca Máis») que en una terraza coruñesa iban a por él. Tomando algo conmigo en el Orzán, antes de cenar, uno lo reconoció (ah, esté é o do Prestige!), nos rodearon y nos querían pegar. Era y es amigo. Una persona que lleva en su sangre la bonhomía, hospitalidad, profesionalidad y tantos adjetivos que a un buen hombre de mar se le puedan sumar. Además, con sangre de Cariño.
No se puede pedir más. Pues bien, a este hombre (Ángel del Real) le tocó la mala suerte de tener que torear al miura del Prestige. Desde su puesto de Capitán Marítimo de A Coruña no podía escapar a tal desafío, sin precedente, nunca visto en la historia de nuestra navegación. En las primeras horas hizo lo preciso y correcto para evitar la embarrancada. Yo mismo ya contaba con ella cuando escucho en la radio que está a 5 millas de Touriñán. Y me desvío de mis tareas porque algo así no se ve todos los días. Sólo había una milla para poder «revirar» el Ataúd Flotante, que es la diferencia entre Touriñán y Vilán, donde le esperaba su destino. Como años antes les sucedió a tantos otros y alguno bien famoso.

Si aquel monstruo llega a tocar alguna de aquellas piedras (Bufardo, Betanceira, O Corno, Quebrantas) calculo que no sería fácil para la gente del mar a día de hoy la vida digna en toda la costa desde Corrubedo a Sisargas. Este asunto se pudo encauzar desde aquí razonablemente (palabra de escasa acogida en el país) y con técnicos, antes de que Madrid y la mafia holandesa pusiera sus ojos y su cazo. Las mafias del mar cuando acuden traen los problemas.
No me canso de citar el caso de Salvamento Marítimo, covacha de amiguismo, nepotismo e ineficacia. Nos retiraron del mapa a los privados del salvamento, con más de un siglo de dedicación y profesionalidad, para crear engendros ineficientes y muy onerosos para el erario público. El que quiera entender que entienda y los hombres de mar (os homes do ferro) ya saben de que hablo.
