Sobre la Cruz Roja del Mar. «Homes do Ferro». Episodio 11 – Carlos San Claudio y Rafael Lema
Sigo pensando que nunca se debió juntar a Salvamento Marítimo con Cruz Roja del Mar. Dos labores diferentes; una de grandes intereses económicos y seguridad con otra donde lo que prima es el salvamento de vidas. Lo de la Cruz Roja del Mar fue una verdadera pena.
Imagínate tú la fuerza que teníamos montada; efectiva, local y de hombres de la Mar. En 7 bases con una media de 70 hombres por base. En un servicio donde lo más importante es estar al pie del cañón y contar con personal experto. Cuando llegó Salvamento Marítimo pasó como con las empresas locales de salvamento centenarias. No interesaban. Además, había mucha rivalidad y sentimientos contra todo lo que tuviera que ver con la Armada o personas afines.
Tiempos de cambio también para la Cruz Roja del Mar
Eran los años 80 y en España parecía que si no cambiábamos todo no se modernizaría el país. En mi caso la justificación para librar de la mili, o por lo menos pasar a la reserva, creo que estaba justificada por mis trabajos de varios años en el salvamento de buques en Galicia. Aún así, después de varias prórrogas por estudios y trabajo, me llegó un día a casa una carta diciendo que en un sorteo me había tocado ir a la Región Pirenaica Occidental a conducir un burro cargando una ametralladora pesada por los caminos de montaña del Pirineo de Jaca.
Yo, viendo la que me caía encima y como sabía que mi reemplazo era el último o penúltimo de la mili, me agarré a una nueva posibilidad que era solicitar objeción de conciencia. El día que me tocó el alistamiento me presento en la caja de reclutas, donde había dos letreros, uno ponía objetores de conciencia y otra reclutas.
Formada la fila puedo decir que fui el noveno objetor de conciencia de A Coruña, de un primer grupo de media docena. El segundo año ya eran miles. En la otra fila había unos 400 chavales. La mayoría nos miraban mal o se reían de nosotros. Los militares que organizaban aquello también nos trataban con desprecio.

Bases bien dotadas de medios
Volviendo a la CRM, las bases estaban -para la época- bastante bien pensadas y con medios. Zodiacs, motores, embarcaciones de semialtura, equipos de buceo etc. La mayoría donados por grandes empresarios, como la condesa de Fenosa, la propia Cruz Roja; y los gastos de consumos eran también gratuitos, aportados por Repsol, Fenosa, etc.
Las formaban voluntarios, todos gente de la mar o alguno de tierra debido a su labor en el mantenimiento de la base. Casi todos, gente jubilada, prejubilada, marinos titulados de la mercante o la pesca.
El organigrama contaba con un jefe de base (casi siempre capitán de la Mercante o patrón de pesca), un jefe de máquinas, un contramaestre, dos o más hombres rana. Y los marineros voluntarios. Yo fui testigo del palo que resultó para toda esa gran gente del mar, ya que casi de repente eran ninguneados por personas que nadie conocía, sin experiencia y casi todos de otros sectores o de tierra adentro.
Hubo alguna reunión entre todas las bases, alguno decía que se les amenazó con retirar las pensiones que tenían del mar por seguir con labores que ahora se consideraban profesionales.
La mayoría coincidían en lo mismo: cómo vamos a hacer nosotros el trabajo más duro y a pie de obra para que unos listos advenedizos cobren por nuestra labor. La gran solución en la que todos estaban de acuerdo era en seguir el modelo inglés que era además el que se había utilizado para crear el español.
Sin ningunear a las bases civiles se crea a su lado un modelo profesional que iba de la mano, creando todavía más fuerza y unión, que en esto de los salvamentos marítimos nunca sobra. Pero seguía sin interesar a la administración que se les hiciera sombra o una posible competencia económica en el también goloso mundo material que rodea a estos trabajos.
De ningún modo podían permitir (y hasta en este país parece peligroso) que unos humildes y valerosos hombres se unan para hacer una labor tan necesaria.
Después, con una cierta inercia y una desbandada del 90 % , unos cinco años más continuó algún voluntario, hasta la desaparición de aquella gran sabiduría y altruismo.

En cuanto a mis labores, que creo que las cumplí. Salvé de morir ahogadas a 7 personas , rescaté otros tantos fallecidos y dimos cobertura a cientos de actos como procesiones, regatas, festejos, etc. El gran Error, y que todavía continúa hasta nuestros días, fue meter personas responsables de estas labores con nivel claramente político, sin experiencia en la mar, procedentes de sectores terrestres. Familiares de Altos Políticos etc.. En alguna ocasión, ya pasado el tiempo, me vi en la obligación Moral de actuar ante varios despropósitos que liaron estos elementos.
Por ejemplo, en el rescate de los policías desaparecidos del Orzán, donde me acerqué a hablar con compañeros de los agentes ahogados para señalarles donde tenían que buscarlos y aprovechar la quedada del mar (donde finalmente aparecieron) y no en Sisargas donde estaban mareando la perdiz los políticos de turno.
Otro caso sangrante fue el del Siempre Casina, pesquero gallego que pasearon durante 5 días en un angustioso operativo para sus familiares (Hundido en Ribadeo el 22-2-2005). Sin dejarme actuar, pues me había mostrado voluntario a entrar al camarote, lugar donde se encontraron a los marineros.
Según dijeron, ahogados, cuando su muerte -por otras fuentes- fue de hipotermia. Casi seguro podía haber algún superviviente, actuando antes. Los que se dedican al Salvamento -o se dedicaron o ayudaron en estas labores- saben que la rapidez y experiencia son lo más importante.
Llegar a rescatar un niño de siete años de edad (como me pasó a mí), ahogado cinco minutos antes en una excursión; ver algo casi todavía con vida entre tus manos y no poder hacer nada, con 40 niños llorando en la playa, ante aquella desgracia siempre defenderé que la mejor opción en Salvamento de vidas en el mar es la de contar con personal local, experto en sus aguas, desinteresado económicamente, bien organizado y equipado. Lo que ya teníamos y perdimos.

FOTOS WEB CRUZ ROJA
