sábado, julio 13, 2024
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Nuestra Señora de los Placeres, una fragata filipina en Corme

El 8-12-1793 en la costa de Corme en medio de un fuerte temporal se hunden seis pesqueros locales y la fragata española Nuestra Señora de los Placeres de la Real Compañía de Filipinas, con carga general en ruta a América.

En este caso había partido de Pasajes en dirección a Cádiz en donde cargaría más efectos para el largo viaje transatlántico y transpacífico. Un bello y rápido barco en servicio desde 1785, en viajes a América y Asia.

El Capitán Pedro Pineda

Era un buen navío que había dado ya la vuelta al mundo en 1788, en una derrota en la que se encontraba a bordo Pedro Pineda y Eraunzeta, quien alcanzaría el grado de brigadier de la Armada. Pineda es el último capitán que conocemos del barco antes del naufragio.

En 1785 fue el primer barco de la Compañía en arribar al puerto de El Callao-Perú, tras un viaje por una nueva ruta distinta a la del galeón de Manila, a través del cabo de Hornos, con Antonio Zavaleta al timón. Fernández Duro y M. L. Díaz-Trenchado indican que se perdió enfrente al puerto de Laxe.

Creemos que el barco trató de entrar en Corme y hay indicios de un pecio antiguo que podía ser el Placeres. La ruta cántabra no estaba exenta de peligros ya que España luchaba contra la Francia revolucionaria en la Guerra de la Convención y la presencia de barcos de guerra y corsarios era alta, en todos los mares.

Viajes del Placeres

En el Archivo General de Simancas AGS pudimos ver copia de su viaje a Trinidad en 1791 (AG Simancas: SGU, LEG, 7172,6. ES.47161.AGS//SGU,LEG,7172,6). Arribo a Trinidad de la Fragata de la Compañía de Filipinas, ‘Nuestra Señora de los Placeres’ Fol. 17-21).

También poseemos la nota de carga del viaje desde Manila iniciado el 12 de enero de 1787 y concluido el 14 de septiembre en Cádiz. Se trataría de una fragata de unas 600 toneladas semejante a otra de la misma compañía, la Santo Domingo de la Calzada. Podía llevar 20 cañones y entre 100 y 140 hombres.

Medidas: 129 pies de eslora, 109 pies y 10 pulgadas de quilla limpia, 36 pies de manga, 14 pies y 8 pulgadas de puntal en bodega y 6 pies en los entrepuentes. La carga era muy variada, la que procedía de Manila se componía sobre todo por especias (canela, pimienta, té, añil), tejidos (nanquines, sedas, baftas, gasas, pañuelos, algodón).

El peso de plata español, el dólar de la época

En el siglo XVIII España era la segunda potencia naval del mundo, y su expansión territorial ultramarina llegó a ser la mayor de su historia, con posesiones también en Asia, destacando Filipinas.

El peso de plata español era el dólar de la época, y la moneda más preciada en el mercado asiático. Por ello los reyes trataron de crear una gran compañía dedicada al comercio oriental, semejante a las de Holanda, Francia e Inglaterra, pero con objetivos más amplios, como unir el comercio de Asia con el de América, con un teatro de operaciones más extenso.

Real Compañía de Filipinas

La Real Compañía de Filipinas nace así en 1785, bajo la inspiración del Ministro de Indias don José de Gálvez, y tuvo una existencia de medio siglo. Debemos a María Lourdes Díaz-Trechuelo Spínola un agradecido estudio de este proyecto (La Real Compañía de Filipinas. Escuela de Estudios Hispano-americanos de Sevilla, CLVIII. Sevilla 1965).

Sus barcos no solo traficaban con Filipinas, también con México, Venezuela, Río de la Plata y Perú. Y enlazan directamente la India y China con España. Incluso se dedicaron a la trata de negros en 1787 y 1788 hacia Buenos Aires y Montevideo, pero este negocio resultó un fracaso económico.

Siguiendo a Díaz-Trechuelo vemos que fijada la fecha de 1° de julio de 1785 para el comienzo de la actividad comercial de la Compañía, sus directores iniciaron los preparativos para despachar los navíos, contando para ello con el material de la antigua Compañía Guipuzcoana de Caracas.

El 28 de mayo de 1785 se publicó un Real Decreto adoptando como bandera de guerra para los barcos de la Armada el pabellón rojo y gualda, luego convertido en bandera nacional, y ésta con el escudo de Manila sobre la franja roja inferior, fue la que enarbolaron los navíos de la Compañía.

Nuestra Señora de los Placeres zarpa de Cádiz

En septiembre de 1785 zarpó de Cádiz el primer buque destinado a Manila, una fragata llamada «Nuestra Señora de los Placeres», que siguió la ruta del cabo de Hornos. Nuestra Señora de los Placeres, a la que dedicamos esta crónica, iba al mando del capitán de Mar y Guerra don Antonio Zavaleta.

Debía seguir la ruta del Cabo de Hornos con escala en Lima; allí recogería medio millón de pesos, anticipo de la Real Hacienda, cuyo reintegro se haría con el importe de las ventas de su cargamento, y con el de las acciones que se suscribieron en el Perú.

A ésta siguieron otras naves enviadas en 1786 por el cabo de Buena Esperanza y el tráfico prosiguió con éxito en los años sucesivos. En 1787 la Compañía despachó tres navíos a Filipinas y otros tantos en 1789, que regresaron felizmente a España, trayendo ricos cargamentos.

Despachos de buques en España

En 1785 se despacharon cuatro buques con este destino a Venezuela, en 1786, otros tantos en 1787, cuatro en 1788 y dos en 1789. Estas expediciones transportaron mercancías extranjeras por valor de 16.432.179 reales y 3 maravedís, españolas por 6.323.982 reales 10 maravedís, y asiáticas por 327.574 reales 12 maravedís.

Los géneros que trajeron de retorno -cacao, azúcar, cueros, etc- importaron 28.234.243 reales 30 maravedís. A Montevideo y Buenos Aires fueron dos barcos en 1787 y cuatro en 1788, importando el total de mercancías transportadas a estos puertos 2.490.698 reales 10 maravedís. En El Callao hizo escala un solo barco en 1786, y dos en 1789 que llevaron mercancías por valor de 17.267.735 reales 30 maravedís. A Nueva España se envió una sola expedición en 1785 que llevó mercancías por valor de 6.403.939 reales.

Escala en Galicia

Cádiz recibía los barcos del comercio indiano pero las oficinas de la Compañía en España contaban con sedes en el Cantábrico (San Sebastián, Santander), por ello muchos de sus barcos pasaban por estas aguas o hacían escala en Galicia.

El intento de recalada de la Placeres en Corme en medio de un temporal es un ejemplo del uso de nuestras rías en estas circunstancias. Pilotos y marineros gallegos participaron en la empresa, muchos capitanes se formaron en Ferrol (como el legendario Ibargoitia), e incluso se construyeron barcos en nuestras rías (Ferrol, Baiona).

Empresarios vascos formaban el núcleo fundacional, muchos capitanes y pilotos eran vasco-cántabros y en los astilleros de Pasajes se armaban muchos de sus barcos (fragatas, corbetas), pues tenían capacidad en su radas hasta 900 toneladas. O unidades menores para dar servicio en los apostaderos indianos.

El Comisionado en dicho puerto don Francisco Durango y Ortúzar, realizó buenas operaciones con el bergantín de su mando el «Cazalla». Por este motivo, la Compañía le confió la construcción de otro barco del mismo tipo, armado en corso, que se fabricó en los astilleros de Baiona (Galicia). Este buque, llamado «San Fernando», alias el «Venturoso», era de porte de cien toneladas, y fue destinado a Veracruz.

Por la real orden de 19 de junio de 1793, se formó un reglamento provisional para las oficinas de Madrid, Cádiz y San Sebastián. La nómina de la factoría de San Sebastián quedó formada por un comisionado jefe, con dos oficiales, un contador con cinco dependientes, un tesorero, un guarda almacén de géneros de Europa y frutos de América con un ayudante, y un portero. En Pasajes residían un inspector de marina, un constructor y un guarda del almacén de efectos navales.

Rumbo a Manila

Como vimos en 1785 zarpó de Cádiz la «Nuestra Señora de los Placeres» por el cabo de Hornos. Otras dos fragatas, «Nuestra Señora de las Nieves» y «El Aguila Imperial», zarparon en enero de 1786, siguiendo la vía del cabo de Buena Esperanza, y llegaron felizmente a su destino, el 8 de agosto del mismo año.

En la primera viajaba uno de los Directores de la Compañía en Manila, don Patricio Darwin. Poco después arribó a Cavite la «Placeres» que había navegado por otra ruta, y llevaba a bordo a otro de los Directores, don Melchor Pernía de Altamirano.

En lo referente a Filipinas y China, el Ministro de Indias don José de Gálvez, ordenó al Gobernador y al Intendente don Ciríaco González Carbajal, que enviaran a Cantón un comisionado para efectuar las compras, y encargaran a otros de adquirir los artículos filipinos, de acuerdo con las relaciones de pedido.

Cuando llegaron a Manila los dos primeros buques de la Compañía encontraron ya almacenados bastantes géneros de China y de la Costa.

Estas compras se habían hecho con los 800.000 pesos que el Rey prometió enviar desde América, unidos a los que llevaban desde Europa los tres navíos. Con ello se completó su cargamento, y emprendieron el viaje de regreso el 12 de enero de 1787.

En septiembre del mismo año ya estaban en Cádiz las fragatas «Nieves» y «Placeres», conduciendo los géneros detallados en las notas de carga que disponemos y fueron reproducidos en la obra del duque de Almodóvar (El registro de ambas fragatas lo publica el duque de Almodóvar en su «Historia de los Establecimientos Ultramarinos de las Naciones europeas», tomo V, Madrid 1790, pp. 95 y ss.).

El valor de la carga de ambas fragatas, según facturas de precios de costo, ascendía a 857.775 pesos fuertes. La venta de estas mercancías, con arreglo a lo establecido por la real cédula de erección, debía hacerse públicamente, y la Dirección fijó para ello la fecha de primero de noviembre por la lentitud con que marchaba el despacho en la Aduana de Cádiz y por unas dudas que surgieron sobre si la Compañía estaba exenta o no del pago de los derechos de internación.

Una singladura de la fragata Placeres

La fragata «Placeres», mandada ahora por el oficial de la Real Armada don Pedro Pineda, se hizo a la vela el 9 de septiembre de 1788, con destino a Manila por la vía del cabo de Hornos, haciendo escala en El Callao, pues llevaba géneros asiáticos por valor de 37.608 pesos, destinados a Lima.

Estos géneros no habían tenido venta en España, por cuyo motivo, haciendo uso de la franquicia que le concede el artículo 44 de la cédula de erección, la Compañía pensó intentar su venta en América. Para Manila transportaba este navío artículos europeos, valorados en 226.285 pesos.

La «Placeres» se vio obligada a entrar de arribada en Montevideo el 11 de diciembre, por haber perdido los masteleros, pero reparada la avería, prosiguió el viaje poco después a El Callao el 2 de marzo de 1789. En este puerto recogió 400.000 pesos fuertes, y después de dejar la carga consignada a Lima, se hizo a la vela el 10 de abril realizando con éxito la travesía del Pacífico.

El hundimiento de Nuestra Señora de los Placeres

Como indica M. L. Díaz-Trechuelo, «En 1794 debía hacer el viaje a Manila la fragata «Placeres», pero ésta se hundió el 8 de diciembre del año anterior, en la breve travesía de Pasajes a Cádiz, frente al puerto gallego de Lage«.

La Junta de Gobierno quiso tomar a flete la fragata de guerra «Astrea», única de la Real Armada que reunía condiciones para este destino; pero no pudo llevarlo a la práctica porque este buque había salido con rumbo a Lima. Entonces pidió autorización para fletar un barco portugués, pero le fue denegada, no pudiendo efectuar el viaje del año 1794.

M. L. Díaz-Trenchado nos concreta en sus líneas generales el plan desarrollado por la Compañía en Asia y Filipinas, que puede resumirse así: «comercio directo Cádiz-Manila por el cabo de Buena Esperanza, o por el de Hornos, con escalas en Montevideo o El Callao: comercio directo de España a la India y a la China, y tráfico desde Filipinas, India y China a los puertos de América del Sur».

Y añadimos las operaciones realizadas en América y en Europa. Cádiz, como ya hemos tenido ocasión de ver, es la puerta de entrada y salida de los géneros, su puerto recibía en sus almacenes los cargamentos procedentes de Filipinas y Asia, de los que una parte se internaba para su venta en España y otra era reexpedida a los puertos americanos. E

n Cádiz se concentraban también las mercancías nacionales y extranjeras enviadas a Manila para abastecer a las Islas Filipinas de estos géneros, que tenía en exclusiva. De ahí la importancia de este establecimiento, que seguía inmediatamente al central de Madrid.

Capitanes de barcos

Desde 1787 algunos de estos barcos contaban con los siguientes capitanes: El Águila Imperial (Francisco Muñoz de San Clemente), La Purísima Concepción (Ramón Ansoategui, o Juan Josef Salomon), Nuestra Señora de Las Nieves (Juan de Arróspide), San Francisco Xavier (Juan Antonio de Ibargoitia Zamacona), Santo Domingo de la Calzada (Vicente María Fernández), La Princesa (Domingo Navarro). En 1786 la fragata Astrea de la Real Armada es fletada por la Compañía con Alejandro Malaspina como capitán.

El porte de estas fragatas podía andar entre las 538 y las 600 toneladas. La Rey Carlos portaba 538. La Clive, comprada en Inglaterra, 580. En los datos de referencia a veces aparece la indicación de toneladas americanas.

La Princesa en 1805 portaba 430 toneladas, armada con 12 cañones y con 84 hombres. La Astrea era un buen ejemplo de las fuertes fragatas de la Real Armada, casco de doble forro de madera y cobre, con 600 toneladas y entre 26 y 34 cañones, gemela de la Palas y la Juno.

Al servicio de la Compañía llevaba 22 cañones (20 de 8 libras, 2 de 6 libras) y 116 hombres. Las medidas: 146,7 eslora x 136,2 quilla x 37,3 manga, 14,19 puntal, 18,14 plan, en pies. Otra fragata de 600 toneladas pero menor eslora es la Santo Domingo de la Calzada, que creemos muy semejante a la Placeres. En 1801 se anotaba un porte de 600 tn, con 24 cañones y 140 hombres. En 1796 eran 451 «toneladas de América, de 64 pies cúbicos cada una y 3000 libras de peso», con 20 cañones. Medidas: 129 pies de eslora, 109 pies y 10 pulgadas de quilla limpia, 36 de manga, 14 pies y 8 pulgadas de puntal en bodega y 6 pies en los entrepuentes.

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