En una rotonda de Muros nos sorprende una centenaria ancla singular. El patrón de un arrastrero local que la había retirado de una zona próxima al cabo Corrubedo la llevó a su casa, pero cuando el Concello de Muros habilitó un espacio ajardinado en la entrada del pueblo se la solicitó y el armador no tuvo problema en cederla.
Curiosamente, en la película Titanic, el famoso crucero luce una similar en la cubierta, a popa, detrás de la bella protagonista del film en la acaramelada escena en donde Jack y Rose se conocen por primera vez. La presente en la rotonda no es del célebre transatlántico, pero sí apunta a un trágico naufragio tildado como el Titanic gallego. Y ahora se ofrece un lugar para sacarse una foto de enamorados en un escenario semejante al de la premiada película.

Áncora del Salier
Desde la delegación de la Real Liga Naval Española en la Costa da Morte apuntan a que se trata del áncora del Salier y por ello merecería una placa recordando el siniestro. El SS Salier era un mercante alemán de 3.098 toneladas con carga y pasaje (emigrantes), perdido en la zona de Corrubedo el 8 de diciembre de 1896. En el suceso muere todo el pasaje y la tripulación (65), 281 personas; muchos emigrantes rusos, polacos y gallegos (51). Es una de las grandes tragedias de nuestro mar y algunas fuentes derivan una lista aún más larga de desaparecidos.
La centenaria institución RLNE cuenta con una serga de pecios con magníficas piezas de varias épocas, que para su delegado Rafael Lema «non fan nada debaixo da auga, é un patrimonio inútil, descoñecido para a xente, e propenso a perderse». Por eso la RLNE cree que lugares como Camelle serían una excelente ubicación para un museo de anclas, pero al mismo tiempo pide que se pongan en valor espacios como la rotonda muradana. Son muchos los datos que llevan a la pista del Salier, barco del que existen varias imágenes.
Desde la RLNE realizaron un dossier con informes de testigos que recuerdan cuándo y cómo fue retirada el ancla, en la zona del siniestro del buque alemán. El crucero llevaba un ferro similar, con unas características muy definidas y coincidentes en puntos muy concretos. Es del tipo Stanford, con grillete acampanado. Le faltan a ambas la cabeza de cebolla del cepo, cuentan con un arganeo recto, sin articulación, una rara peculiaridad en este modelo. La muradana sería una de las piezas principales del Salier, con cadena.

Carlos San Claudio, miembro del Centro Estudio Patrimonio Submarino, cree que el barco se hundió en As Basoñas, enfrente a Corrubedo, en una zona concreta en donde faenan los arrastreros, a más de 40 metros de profundidad. El barco fondeó después de tocar en unos bajos y perdió el ancla con marejada, antes de ir al fondo en ese cantil, sobre lecho de piedra. Algunos chatarreros famosos, como los Dosil, estuvieron en ese punto trabajando «ao calado». Más cerca de la costa, en el bajo de Praguiña, reposa el francés Dom Pedro, hundido el 27 de mayo de 1895.
El suceso dio la vuelta al mundo, empujado por los tabloides que anunciaban un siglo de gacetilleros rápidos y lectores ávidos. Al igual que en los casos del Dom Pedro o HMS Serpent, la prensa colocó a la costa coruñesa en el mapa de los fatídicos pasos marinos, alimentando la leyenda negra. La prensa británica fue la primera en dar el aviso, un día después. En EEUU enseguida cifraron en 381 los muertos, cien más de los oficiales. Otros medios daban números mayores. No creo que sepamos la verdad, ya que en las escalas los agentes subían a pasajeros no contabilizados (en tránsito, en cubierta, ilegales). Por ejemplo, en un viaje anterior el buque llevaba 690 hombres. Así que la dimensión de la tragedia pudo ser mayor, con muchos niños y jóvenes a bordo. Muchos emigrantes dados por desaparecidos en América se quedaron en el fondo del mar tras un naufragio, sin figurar en los listados.

El naufragio del SS Salier
En la madrugada del martes 8 de diciembre de 1896 el SS Salier, trasatlántico alemán en ruta de Bremerhaven a La Plata, se hundió sin supervivientes ni testigos en medio de un fuerte temporal. Iba a ser su último viaje con la Norddeutscher Lloyd, naviera dueña de una gran flota transoceánica que lo pensaba vender en Italia. Tras las últimas reformas, cabían 63 pasajeros de primera clase por 30 de segunda y 644 de tercera. Había zarpado de A Coruña en la tarde del lunes con destino a Vilagarcía: un tránsito normal de siete u ocho horas.
Ante la tardanza en obtener noticias del barco, la casa consignataria Hijos de José García Reboredo telegrafió desde Arousa en demanda de información. Al saber de su partida la víspera desde el puerto herculino se temió lo peor. El viaje se inició en Bremerhaven (uno de los puertos en donde faenó mi padre en barcos de la mercante alemana) el 28 de noviembre, había llegado a Coruña el 7 de diciembre con dos jornadas de retraso por culpa de un fuerte temporal en el golfo de Vizcaya. En esta dura travesía había perdido dos botes salvavidas, sufriendo averías en la obra muerta. El capitán H. Wempe, de 40 años, marino experimentado y buen conocedor de estas costas, mandaba la roda en su segundo viaje con el barco. A su lado, el primer piloto Castricher y el primer maquinista Sellman. El 20 de agosto el capitán había realizado un primer viaje a Baltimore. En la salida desde A Coruña a Vilagarcía le acompaña la bonanza, pero era una falsa tregua ya que por la noche los vientos se tornan huracanados. Es una jornada aciaga con numerosas pérdidas humanas y materiales en las costas luso-galaicas: Emilie, Victoriosa, Triton, Kingston, H.A. Nolze.
El suceso, envuelto en el misterio ante la falta de testigos, acontece en mar abierto, a varias millas del cabo. Ante la falta de noticias, van llegando cadáveres a la costa que dan fe de la tragedia. En la primera jornada aparecen decenas de cuerpos, multitud de objetos y partes de la embarcación en las playas de Xuño, Carreira, Sálvora o A Pobra do Caramiñal. Un reguero fatídico que dura varios meses. Los emigrantes conforman el grueso del pasaje. Una familia de 13 miembros perdió a 11, los otros dos esperaban en el puerto de destino la llegada. Uno de los cuerpos identificados fue el del pelirrojo capitán Wempe, provisto de un salvavidas, inútil en las heladas aguas; con americana, chaleco con botones dorados y pantalón de paño azul.
La americana conservaba un botón con el ancla y nombre de la naviera. Lo enterraron junto a otras tres niñas náufragas al lado de una puerta al sur del cementerio de la iglesia de Santa Mariña de Xuño. Contaba la prensa de la época que conservaba un reloj cuyas manecillas se habían detenido a las 5 y 30 minutos, probable hora del hundimiento. La tumba del capitán de cabellos rojos y las tres niñas rubias sirvió de atracción a los vecinos que empezaron a llevar a sus hijos enfermos a yacer sobre la losa para ahuyentar las enfermedades el día de san Miguel. Tampoco se alejó el naufragio de las leyendas de tesoros sumergidos, pues corría la noticia que transportaba 3 millones de marcos.
Datos del SS Salier
SS SALIER. 8-12-1896. Lugar: As Basoñas, Porto do Son. Fondo de 40 metros. Tipo de buque: vapor mercante casco de hierro. 3098 grt, 2107 nrt. Medidas: 107,6 m eslora, 11,9 manga, 7,3 m. puntal. 2.300 cv, 13 nudos. Norddeutscher Lloyd de Bremen. Capitán Wempe. En ruta de Bremerhaven-La Plata. Mueren todo el pasaje y tripulación (65), 281 personas, emigrantes rusos, polacos y 51 gallegos. Máquina: Initially 1 x 2 cyl. compound engine. In 1891, 1 x 3 cyl. triple expansion engine, single shaft, one screw, 2 brigantine rigged masts. 337 hp. 13 nudos. Constructor: Earle’s Shipbuilding & Engineering Co. Ltd. (C. & W. Earle), Hull. Máquina: Vulcan A. G. (Stettin & Hamburg), Hamburg. Tripulación: 65. Pasaje: 210. Nacionalidad: Alemana.
